¿Qué tienen en común Neuquén y Canadá? El caso Calgary y por qué es relevante

Calgary ofrece un caso de estudio sobre cómo convertir un proceso de expansión impulsado por la industria energética en un ecosistema empresarial capaz de sostener el crecimiento durante décadas.

Calgary es una ciudad de Canadá reconocida mundialmente como una de las capitales del petróleo y el gas. Su crecimiento durante la década de 1970 la convirtió en un ejemplo de desarrollo urbano y corporativo, y en un antecedente útil para comprender los desafíos que hoy atraviesa la ciudad argentina de Neuquén a partir del auge de Vaca Muerta.

Ambas ciudades comparten un proceso de evolución similar: pasaron de ser sedes administrativas regionales a convertirse en centros de operaciones vinculados con algunas de las cuencas no convencionales de gas y petróleo más importantes de sus respectivos continentes.

Calgary capitalizó la riqueza petrolera, concentró las oficinas corporativas de grandes compañías y atrajo otras actividades complementarias. En 2021, era sede de 102 de las 800 mayores empresas de Canadá.

Entre 1970 y 1980, la población de Calgary aumentó un 46%. Este rápido crecimiento demográfico obligó a rediseñar la infraestructura urbana para albergar a miles de trabajadores y sus familias, mediante estrategias orientadas a acompañar la expansión de la ciudad. Se buscó conectar la periferia residencial con el núcleo financiero a través de una red de transporte masivo y proyectos de regeneración urbana. Durante ese período, la demanda de oficinas Clase A llegó a superar temporalmente la oferta en tres oportunidades.

Al mismo tiempo, frente a una economía necesitada de personal calificado, se desarrollaron campañas de captación de talento y la Universidad de Calgary adaptó sus programas para fomentar carreras como ingeniería petrolera, geociencias y derecho energético. Esto contribuyó a atraer profesionales de distintas partes del mundo. El crecimiento del empleo también generó puestos indirectos: alrededor de 5,1 por cada empleo en la industria petrolera y 3 en la construcción.

El crecimiento del petróleo también impulsó la expansión de una economía de soporte. La estrategia consistió en consolidar un ecosistema de proveedores para que las empresas energéticas pudieran resolver sus necesidades dentro de la provincia. También se desarrollaron sectores no tradicionales, como la ciencia de datos, la ciberseguridad, el software y la industria audiovisual. Con esta diversificación no solo crecieron los proyectos de oficinas y viviendas, sino también el comercio y los servicios complementarios.

El caso de Calgary permite reconocer paralelos en el potencial de negocio y en la forma en que la actividad energética genera nuevas demandas urbanas y corporativas. Calgary es una metrópolis con décadas de crecimiento e inversiones consolidadas, mientras que Neuquén transita una etapa de expansión en la que la infraestructura, los servicios y la oferta inmobiliaria tienen la oportunidad de evolucionar junto con la producción energética.

Más allá de las diferencias de escala y trayectoria, el caso de Calgary permite observar que el desarrollo de un polo energético no depende solo de la magnitud de las inversiones, sino también de la capacidad de consolidar el entorno empresarial, urbano e inmobiliario que las acompaña. Para las compañías que hoy desembarcan en Neuquén, comprender esta transformación puede resultar tan importante como elegir el lugar donde instalar sus operaciones.