Cómo elegir contextos que puedan absorber los cambios sin que el edificio pierda relevancia.
Una publicación de Contract Workplaces
La localización es, probablemente, la decisión más determinante en el desarrollo de un edificio de oficinas. No se trata solo de un punto geográfico en el entramado urbano, sino de una elección que definirá el contexto dentro del cual el activo operará durante décadas, condicionando la capacidad de las organizaciones para mantenerse competitivas y resilientes ante futuros cambios. Y, a diferencia de otras decisiones de diseño –los distintos sistemas se pueden actualizar, el espacio se reorganiza, el layout se reconfigura–, la ubicación no puede ajustarse con el tiempo; es, a todos los efectos, irreversible.
Por eso, el emplazamiento del edificio es una decisión estratégica: no solo define el valor inicial del activo, sino también el margen de transformación y adaptación que tendrá a lo largo de su vida útil. Optar por una locación no es solo una cuestión de metros cuadrados; es una elección que afectará el acceso al talento, la imagen corporativa, los costos operativos y, en última instancia, la vigencia del edificio a largo plazo.
Así, en el marco del Real Estate corporativo, cuando las organizaciones se plantean: ¿está mi empresa en el lugar correcto?, habrá que considerar una serie de factores –los costos laborales, la logística, la infraestructura, la conectividad, la seguridad, etc.– que hacen que la evaluación de las condiciones que debe cumplir el sitio se deba llevar a cabo con un enfoque multidisciplinario que combine el análisis de datos tangibles con la valoración de factores cualitativos.
La ubicación de una empresa no se define solo por un par de coordenadas dentro del tejido urbano. La ciudad no es estática: cambia y se reconfigura constantemente creando nuevas centralidades mientras otras zonas pierden relevancia. Lo que hoy es una ubicación privilegiada mañana puede dejar de serlo.
A partir de este enfoque se entiende que una elección adecuada funcione como un sistema de posibilidades. Un entorno diverso, con mezcla de usos, buena conectividad y cierta flexibilidad normativa, permitirá acompañar la adaptación del edificio a nuevas demandas, la incorporación de distintos tipos de usuarios o, incluso, un cambio de función. Por el contrario, las zonas monofuncionales, con regulaciones restrictivas o dependientes de un único sector económico tienden a limitar estas posibilidades.
Esto plantea una cuestión importante a tener en cuenta: un edificio puede haber sido diseñado con criterios de flexibilidad, pero si su entorno no admite cambios, esa flexibilidad queda, en gran medida, desactivada. La capacidad de adaptación no es solo una propiedad del inmueble, sino también de su relación con el contexto.
En estos casos, el entorno funciona como una estructura rígida que condiciona cualquier intento de adaptación. Cambiar el uso, modificar la escala o atraer nuevos perfiles de usuarios puede volverse complejo o directamente inviable.
Este fenómeno suele hacerse visible con el paso del tiempo. Áreas que fueron pensadas para una función específica –distritos industriales, zonas administrativas, polos corporativos– pueden perder relevancia o quedar desalineadas con nuevas formas de trabajar y habitar la ciudad.
La consecuencia no es solo operativa, sino también económica. La pérdida de la demanda, la dificultad para reconvertirse y la caída de los valores de mercado pueden transformar rápidamente un activo competitivo en uno obsoleto.
Para evaluar un sitio es necesario combinar información objetiva y cuantificable con factores más difíciles de expresar en términos monetarios. Tradicionalmente, este análisis incluye tanto variables económicas y operativas como aspectos vinculados a las condiciones propias del entorno y la calidad de vida de clientes y empleados.
En conjunto, estas variables componen un delicado equilibrio. Una localización eficiente no es necesariamente la más barata, ni la más visible, ni la más céntrica, sino aquella que logra alinear condiciones operativas, expectativas del mercado y capacidad de evolución.
Adicionalmente, la elección del sitio ha incorporado en los últimos años una dimensión extra: la gestión del riesgo. Las condiciones naturales y ambientales ya no son un factor secundario, sino un componente central en la toma de decisiones donde la geografía y el clima pueden definir la probabilidad de supervivencia física y desarrollo del negocio.
Eventos tales como inundaciones, terremotos, incendios forestales o fenómenos climáticos extremos pueden comprometer la operación de una organización de manera significativa, afectando tanto la integridad del edificio como su estabilidad financiera y operativa.
A esto se suman las crecientes exigencias en materia ambiental. Cada vez más organizaciones priorizan la elección de sitios con certificaciones ecológicas o acceso a energías renovables para cumplir con sus objetivos ambientales y satisfacer las demandas de clientes e inversores conscientes del impacto sobre los ecosistemas.
Frente a este nivel de complejidad, está claro que la elección del sitio no puede basarse en una única proyección de futuro. Las organizaciones que mejor gestionan estas decisiones son aquellas que construyen la flexibilidad desde el inicio para hacer frente a distintos escenarios posibles.
Este enfoque permite anticipar no solo el crecimiento, sino también la contracción, los cambios en los patrones de movilidad, la evolución del mercado laboral o las transformaciones tecnológicas. La pregunta ya no es cuál es la mejor ubicación hoy, sino cuál mantendrá mayor margen de maniobra frente a futuros inciertos.
En este sentido, la localización se debe convertir en una decisión informada. No se trata de predecir con precisión, sino de elegir contextos que puedan absorber cambios sin perder relevancia. No hay que perder de vista que la selección del sitio precede al diseño, es irreversible y lo condicionará profundamente.
En definitiva, la adaptabilidad de un edificio no depende únicamente de su capacidad interna de cambio, sino de su relación con el entorno en el que se inserta, y esta relación queda definida desde el inicio, en la elección del lugar. Entender cómo impacta esta decisión es esencial para mantener el valor del activo y su relevancia a lo largo del tiempo.
Referencias:
CBRE (2025): “Strategic Moves: Integrating Site Selection and Change Management Initiatives”.
CHRISTIAEN, C. et al. (2025): “Location, location, location: asset location data sources for nature-related financial risk analysis”.
JLL (2026): “Corporate Real Estate Trends to Watch – Five trends that will define success in 2026”.
KPMG LLP. (2024): “Gaining efficiencies through site selection”.
MASCH, C. (2022): “Location factors in corporate location decisions: Is the relevance of soft factors really increasing? ”
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