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#127 Mayo 2026

Infraestructura y tecnología: cómo evitar el envejecimiento prematuro

Estrategias para enfrentar el desafío de adaptarse a la economía digital y a las nuevas exigencias del mundo laboral

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Históricamente, los edificios de oficinas se concebían como contenedores estáticos, con infraestructuras rígidas pensadas para operar durante décadas sin modificaciones sustanciales. Sin embargo, la transformación acelerada de la tecnología y los cambios en las formas de trabajo han alterado este enfoque. Hoy, la capa técnica debe ser capaz de evolucionar a una velocidad mucho mayor que la del edificio que la contiene.

Mientras la estructura de un edificio puede permanecer vigente durante varias décadas, sus sistemas técnicos requieren ciclos de actualización considerablemente más cortos. La climatización, las redes eléctricas, los sistemas de control y las tecnologías de datos y comunicaciones se transforman constantemente, obligando a prever desde las primeras etapas de diseño la posibilidad de futuras modificaciones.

Muchas construcciones actuales fueron desarrolladas sin contemplar estos criterios de flexibilidad técnica, y hoy enfrentan el desafío de adaptarse a la economía digital y a las nuevas exigencias de sostenibilidad, eficiencia y bienestar, transformaciones que pueden resultar muy costosas o complejas debido a la rigidez de la concepción original del edificio.

La accesibilidad a la infraestructura técnica puede facilitar o dificultar futuras adaptaciones. Incorporar flexibilidad en esta capa implica prever redundancias, espacios técnicos adaptables y posibilidades de intervención relativamente sencillas. De lo contrario, incluso un edificio bien ubicado y espacialmente eficiente puede volverse obsoleto con rapidez si sus sistemas no logran acompañar la evolución de las demandas actuales.

El problema de los sistemas rígidos

La evolución de los entornos de trabajo requiere sistemas capaces de responder tanto a las necesidades actuales como a previsiones futuras. La rigidez actúa como una barrera que dificulta la adaptación a nuevas tecnologías o modalidades de uso.

Un edificio cuya infraestructura ha quedado rezagada difícilmente pueda responder a las exigencias actuales de conectividad, automatización, control ambiental o eficiencia operativa. La obsolescencia no solo se manifiesta en la estética o la ubicación del inmueble, sino también en su capacidad para dar soporte a los estándares contemporáneos de confort y productividad.

Por ejemplo, si un edificio carece de la capacidad suficiente para ampliar su red eléctrica y alimentar nuevos dispositivos de alta demanda, los costos de actualización pueden resultar prohibitivos y generar interrupciones críticas en la operación del negocio. Del mismo modo, un sistema de climatización incapaz de responder adecuadamente a la carga térmica producida por el uso intensivo del equipamiento tecnológico puede afectar las condiciones de confort y disminuir el rendimiento de los ocupantes. Las deficiencias técnicas terminan impactando sobre la productividad y la operación cotidiana.

Las redes de datos y comunicaciones enfrentan desafíos similares. La expansión de Internet de las Cosas (IoT), la automatización y la Inteligencia Artificial (IA) exige infraestructuras capaces de soportar grandes volúmenes de información y dispositivos conectados de manera simultánea. Los edificios inteligentes dependen de redes de sensores y sistemas de monitoreo capaces de registrar la ocupación, el consumo energético y las condiciones ambientales en tiempo real para optimizar el funcionamiento del inmueble. Una red rígida, basada en cableados difíciles de intervenir, limita la incorporación de nuevas tecnologías.

Esto significa que la infraestructura técnica debe pensarse como un sistema modular y escalable, capaz de reconfigurarse en función de patrones de uso cambiantes sin necesidad de intervenciones mayores. En este sentido, la flexibilidad técnica es fundamental para evitar la obsolescencia y preservar el valor inmobiliario del activo.

Preparados para el cambio constante

La demanda por experiencias laborales fluidas, conectadas y personalizadas continúa creciendo. Sin embargo, gran parte de los edificios de oficinas existentes todavía responde a modelos técnicos rígidos que dificultan la adaptación rápida frente a las nuevas necesidades organizacionales.

Incorporar flexibilidad en la capa técnica implica adoptar un diseño conceptual orientado al cambio permanente. En la práctica, esto se traduce en redundancia y sobrecapacidad planificada en los sistemas críticos desde el inicio del proyecto. Aunque diseñar instalaciones sobredimensionadas puede ser inicialmente más costoso, incorporar capacidad adicional una vez construido el edificio suele resultar considerablemente más caro y complejo.

Esto incluye la previsión de espacios técnicos adaptables y conductos más amplios para permitir futuras expansiones de las redes eléctrica, de aire acondicionado y de datos o comunicaciones sin comprometer la integridad estructural ni reducir la superficie útil.

Asimismo, la zonificación de los sistemas de climatización y energía permite el funcionamiento autónomo de las áreas ocupadas, facilitando la subdivisión del espacio y la implementación de modelos de trabajo híbrido. Esto no solo mejora la eficiencia energética; también permite realizar intervenciones técnicas localizadas sin afectar el funcionamiento del resto del edificio.

Otra medida eficaz para incrementar la capacidad de adaptación de la capa de servicios es la ejecución de pisos elevados y cielorrasos modulares. Los pisos técnicos permiten acceder rápidamente al cableado y la instalación eléctrica, facilitando la reorganización de los puestos de trabajo o incorporar servicios como cajas de piso plug-and-play sin necesidad de intervenir la estructura.

La continuidad operativa se ha convertido también en un requisito crítico, por lo que es fundamental prever redundancias tecnológicas, como doble entrada de datos o la instalación de sistemas de respaldo para mitigar el riesgo de interrupciones de servicios esenciales. A esto se suma la necesidad de incorporar infraestructura preparada para tecnologías emergentes como las redes 5G, la realidad aumentada o herramientas basadas en IA.

La tecnología como sistema integrador

Para planificar sistemas técnicos verdaderamente flexibles, el espacio de trabajo debe entenderse como un ecosistema integrado donde la tecnología actúa como el nexo que vincula la infraestructura con la experiencia de los colaboradores. Un edificio se mantiene vigente cuando ambas capas, la física y la digital, pueden evolucionar al mismo ritmo que las necesidades de sus ocupantes.

En este escenario, la tendencia actual apunta hacia sistemas integrados y de plataforma abierta capaces de coordinar múltiples servicios dentro de un mismo entorno operativo. En lugar de depender exclusivamente de instalaciones independientes y rígidas que no permiten la interoperabilidad entre diferentes proveedores de hardware o software, los edificios contemporáneos incorporan sistemas BMS (Building Management System).

Un sistema BMS funciona como una plataforma informática integral destinada a supervisar y gestionar de manera centralizada los distintos servicios mecánicos y eléctricos del edificio. Su funcionamiento básico se articula a través de un modelo de tres niveles.

En la base, los sensores recopilan información en tiempo real sobre variables tales como la temperatura, la humedad, la intensidad lumínica, el consumo energético y la ocupación. Estos datos son enviados a los controladores que los comparan con valores preestablecidos y ejecutan ajustes automáticos sobre los actuadores –válvulas de aire acondicionado, motores de persianas, etc.– cuando se detectan desvíos respecto de las condiciones deseadas.

Finalmente, el nivel de gestión permite que los operadores visualicen gráficamente el estado general del edificio, administren alarmas, programen horarios de funcionamiento y analicen tendencias históricas para optimizar la toma de decisiones.

La integración de estos sistemas se ha expandido gracias a la IA e IoT. Así, pueden aprender patrones de comportamiento, anticipar demandas energéticas y ajustar automáticamente distintas variables sin depender exclusivamente de configuraciones preestablecidas. Además, mediante herramientas de computación en La Nube, pueden procesar grandes volúmenes de datos para detectar anomalías y prever necesidades futuras para optimizar el funcionamiento del edificio.

La implementación de un sistema BMS brinda beneficios que impactan directamente sobre la competitividad y la rentabilidad. El más inmediato es la eficiencia energética, ya que la automatización permite ajustar la iluminación, la climatización y la ventilación según datos de ocupación real y condiciones ambientales externas. Esto no solo disminuye los costos operativos, sino que también contribuye a prolongar la vida útil de los equipos y mejora el desempeño ambiental del edificio. Además, la capacidad de realizar mantenimiento predictivo reduce las reparaciones de emergencia, minimiza los tiempos de inactividad y evita interrupciones costosas para las organizaciones que ocupan el inmueble.

Los sistemas BMS también mejoran las condiciones de confort y bienestar de los ocupantes. Mantener niveles adecuados de calidad del aire interior, iluminación y acondicionamiento térmico contribuye a crear entornos más saludables y productivos, factores cada vez más relevantes para la atracción y retención de talento.

La tecnología funciona así como un sistema integrador capaz de coordinar infraestructuras, dispositivos y procesos diversos para que operen de manera articulada y eficiente.

Para evitar la obsolescencia

Un edificio sin flexibilidad técnica, facilidad de intervención y redundancia se convierte en un activo rígido en un mundo que se mueve hacia el cambio permanente. Por ello, la infraestructura ya no puede entenderse como un componente puramente técnico o secundario, sino como una condición estratégica para garantizar la vigencia operativa del edificio a lo largo del tiempo.

La inversión inicial en sistemas accesibles, escalables y preparados para futuras transformaciones permite proteger el valor del activo frente a escenarios tecnológicos inciertos y necesidades organizacionales cambiantes, garantizando que el edificio siga siendo relevante y funcional incluso cuando los estándares tecnológicos y las formas de trabajo que hoy conocemos evolucionen hacia algo completamente nuevo.


Referencias:

SCHNEIDER ELECTRIC & WORKTECH ACADEMY (2021): “Flexible Buildings: Five elements to create buildings ready for the new world of work“.

SIEMENS BUILDING TECHNOLOGIES (2018): “The future of the smart office: Giving your building the competitive edge“.

TUBA, M. et al. (2022): “ICT Systems and Sustainability: Proceedings of ICT4SD 2021, Volume 1“.

VAN ROOSMALE, S. et al. (2024): “Building automation and control systems for office buildings: Technical insights for effective facility management – A literature review“.


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