FMContract Workplaces
#125 Enero 2026

Por qué importan los activos inmobiliarios para las empresas

por Herman Faigenbaum*, CEO de Contract Workplaces

ALGUNAS MARCAS QUE NOS ACOMPAÑAN

Una publicación de Contract Workplaces


Durante décadas, las empresas pensaron los activos inmobiliarios desde una lógica funcional. Eran un costo fijo, un soporte físico para personas y procesos y, en algunos casos, un símbolo institucional. La oficina era el lugar asignado al trabajo por falta de alternativas. Su valor se medía en términos de disponibilidad y permanencia. La discusión estratégica quedaba fuera de agenda.

Antes de la pandemia comenzó a aparecer otra lectura. Algunas empresas, en especial del sector tecnológico, entendieron el espacio como una inversión. El lugar de trabajo pasó a ser una herramienta para atraer talento y construir cultura. También permitió impulsar la colaboración, la innovación y la experimentación. La adopción de este enfoque mostró resultados consistentes. Con el tiempo, compañías de otros sectores incorporaron la misma lógica.

La pandemia aceleró esta discusión. El trabajo remoto se expandió a gran escala y mostró resultados concretos. La tecnología permitió sostener procesos, coordinación y productividad fuera de la oficina. El espacio físico quedó bajo revisión. La pregunta pasó a ser su función real dentro de la organización.

Con el paso de los años, el panorama se volvió más claro. Los activos inmobiliarios corporativos no desaparecieron. Tampoco regresaron a su forma anterior. Fueron replanteados desde una lógica estratégica vinculada al valor que aportan. Ese valor se analiza dentro de un contexto donde el trabajo remoto forma parte del sistema.

El problema central dejó de ser la existencia del espacio. El foco se trasladó a su diseño y a su propósito. Mantener oficinas por inercia perdió sentido; pensarlas con intención se volvió una necesidad. Las señales de este cambio son visibles. Ignorarlas implica perder oportunidades.

El espacio de trabajo se reinventa

El espacio de trabajo mostró capacidad de adaptación. No volvió al esquema previo a la pandemia. Tampoco perdió relevancia. El modelo híbrido se consolidó en muchas industrias y modificó la forma de entender la oficina.

La oficina dejó de ser una obligación. Pasó a ser un lugar elegido para ciertas actividades. Su valor se concentra en aquello que el trabajo remoto no ofrece. El contacto social ocupa un lugar central. Por ese motivo, la discusión gira alrededor de los encuentros que justifican la presencia.

El trabajo conserva una dimensión social fuerte. El aprendizaje informal, las conversaciones espontáneas y la construcción de vínculos se desarrollan mejor en espacios compartidos. El sentido de pertenencia surge del contacto directo. La pantalla limita ese proceso; el espacio físico lo amplifica.

La presencialidad se sostiene cuando aporta valor específico. La colaboración, la relación entre personas y el aprendizaje justifican el desplazamiento. Las tareas individuales no requieren un lugar común. La presencia sin propósito genera desgaste. El espacio necesita una razón clara.

El factor talento

El mercado laboral se volvió más exigente. El espacio de trabajo forma parte de la propuesta empresarial. No define la elección por sí solo, pero tampoco resulta irrelevante. Las organizaciones que ofrecen flexibilidad real mejoran su posicionamiento.

La combinación entre modalidades de trabajo y espacios adecuados resulta clave. Cada formato necesita un soporte físico coherente. El diseño del entorno influye en la experiencia. Esa coherencia transmite consistencia organizacional y el talento percibe esa señal.

El espacio también incide en la permanencia. Un entorno que facilita vínculos fortalece el sentido de pertenencia. Las personas valoran formar parte de algo compartido. La relación laboral deja de ser intercambiable. La rotación tiene costos elevados.

Pensar el espacio como valor agregado reduce estos costos. La inversión no se limita al edificio: incluye la experiencia que se construye dentro. Esa experiencia influye en el compromiso y el compromiso impacta en los resultados. El vínculo es directo.

Tecnología al servicio del espacio

Durante un período se asumió que la tecnología reemplazaría la oficina. Las herramientas remotas parecían suficientes. Esa hipótesis ha perdido fuerza. La tecnología encontró otro rol. Su función pasó a potenciar el espacio físico.

Las aplicaciones de coordinación permiten organizar encuentros presenciales. Los sistemas de reserva ajustan el uso de salas. La información sobre asistencia mejora la planificación. El espacio deja de operar por hábito, empieza a responder a necesidades reales.

Los sensores de ocupación permiten optimizar áreas. La gestión operativa reduce superficies subutilizadas. El control energético mejora la eficiencia de los edificios. La sostenibilidad se integra a la operación. Los costos se alinean con el uso efectivo.

Las personas ganan autonomía y fluidez. Las empresas obtienen datos para decidir. Los recursos se asignan con mayor precisión. El espacio se vuelve flexible. La lógica fija pierde protagonismo. El sistema se adapta a la demanda.

La ciudad vuelve a latir

El impacto del trabajo presencial excede a las empresas. La vida urbana entra en la ecuación. El espacio público recupera valor. La actividad presencial se integra a la rutina cotidiana. El trabajo se conecta con la ciudad.

Para muchas personas, la jornada laboral se asocia a un estilo de vida activo. El traslado incorpora movilidad sustentable. El uso de espacios verdes gana protagonismo. La infraestructura urbana acompaña ese cambio. Las ciudades que invierten en estos sistemas facilitan la integración.

Los centros urbanos enfrentan un desafío concreto. El vaciamiento afectó el comercio y los servicios. El deterioro del espacio público impactó en la convivencia. La actividad laboral presencial reactiva esos ecosistemas. El efecto alcanza a toda la comunidad.

Trabajar deja de ser solo una obligación. Implica participar de un entramado urbano. Ese entramado necesita presencia. La vitalidad surge del uso cotidiano. El espacio cobra sentido cuando se habita. La ciudad responde a esa dinámica.

La conversación sobre el futuro del trabajo estuvo marcada por la incertidumbre. Las señales actuales apuntan en otra dirección. No se trata de un regreso al pasado. Se trata de una etapa distinta. El trabajo presencial y remoto conviven dentro de un mismo sistema.

Los activos inmobiliarios corporativos importan bajo una lógica diferente. No representan solo costos ni símbolos. Funcionan como herramientas estratégicas. Bien pensados, generan valor organizacional y humano. El inicio de esta etapa abre oportunidades claras.


*Herman Faigenbaum es Arquitecto UBA con un MBA. También ha realizado cursos de especialización en MIT y Boston University, y es Director del Programa de Real Estate Management en la Universidad Torcuato Di Tella. Su trayectoria profesional se caracteriza por un profundo conocimiento técnico, junto con una perspectiva económica global. Actualmente se desempeña como CEO de Contract Workplaces.


En un mercado cada vez más competitivo y dinámico, las empresas están redefiniendo su estrategia inmobiliaria. La oficina dejó de Read more

Suscribite al Newsletter y mantente actualizado sobre todas las novedades de WOW, una publicación de Contract Workplaces.

ALGUNAS MARCAS QUE NOS ACOMPAÑAN

WOW

Otros números


¿Quieres conocer más sobre tendencias relacionadas al mundo del trabajo? Descúbrelas en WOW.

Suscribite