Un plus que ha dejado de ser un opcional para convertirse en un componente estratégico de inversión
Una publicación de Contract Workplaces
El siglo XXI se caracteriza por un crecimiento urbano sin precedentes. Esta tendencia, si bien ha impulsado el desarrollo económico, también ha intensificado desafíos tales como la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad, entre otros. La actividad humana fue reemplazando humedales, bosques, praderas y zonas ribereñas por edificaciones.
Según estudios de la Organización de las Naciones Unidas, se prevé que para 2030 el 60% de la población mundial vivirá en ciudades1. Esto hace indispensable encontrar soluciones que integren la vegetación en la trama urbana, no solo con fines puramente estéticos, sino también para recuperar los ecosistemas nativos y mejorar la capacidad de adaptación y mitigación frente a los efectos del cambio climático. En este contexto, los corredores verdes aparecen como una estrategia valiosa para transformar las ciudades en espacios más sostenibles, resilientes y habitables.
Más allá de los beneficios ambientales, sociales y de calidad de vida que ofrecen, estos entornos también generan impactos económicos positivos principalmente por el aumento del valor de las propiedades cercanas y por atraer empresas que priorizan la calidad de vida y la sostenibilidad del ejido urbano. Estos beneficios se extienden a las economías locales al estimular las actividades recreativas, el comercio cercano y la creación de empleos.
Antes de analizar su potencial transformador, vale la pena definir qué son y qué propósito cumplen los corredores verdes.
Un corredor verde, o corredor ecológico, es una franja de tierra diseñada y gestionada para conectar hábitats que han sido fragmentados por el desarrollo urbano tales como parques, reservas naturales y otros espacios verdes. Su función principal es crear una red natural dentro del paisaje urbano, permitiendo que la flora y la fauna se muevan con mayor libertad.
Se trata de un concepto de planificación territorial basado en sistemas de terrenos interconectados que se diseñan y gestionan para múltiples propósitos. La desaparición de ecosistemas y el reemplazo de extensiones vegetales por edificaciones o superficies impermeables como estacionamientos, techos y calles, reduce la capacidad del entorno para purificar el aire, servir de hábitat a la vida silvestre, controlar el escurrimiento y evitar problemas de erosión e inundaciones, además de moderar las temperaturas, entre otros aspectos importantes.
Al integrar elementos naturales como árboles, plantas nativas y áreas permeables, estos corredores fortalecen la diversidad biológica de las ciudades, mejoran la calidad del aire y gestionan el agua de lluvia con mayor eficiencia. La vegetación contribuye, además, a mitigar el efecto “isla de calor urbana” al proporcionar sombra y enfriamiento. También priorizan modos de transporte no motorizados, como caminar y andar en bicicleta, fomentando un estilo de vida más activo y menos dependiente del automóvil. Con sus rutas atractivas para la actividad física, el contacto con la naturaleza y la actividad social, estos espacios mejoran notablemente la calidad de vida de la población urbana.
Los corredores verdes, por tanto, deben dejar de verse como un simple complemento estético y ser reconocidos como componentes esenciales de la infraestructura urbana del siglo XXI. Al conectar hábitats, promover la movilidad sostenible y fortalecer los lazos comunitarios, abordan de manera integral los desafíos ambientales y sociales de nuestra era.
La evidencia de estos beneficios ya se observa en proyectos que están redefiniendo el paisaje en distintas ciudades del mundo, demostrando su capacidad para resolver desafíos urbanos específicos. Estos son algunos de los casos más destacados de América Latina:
→ Medellín, Colombia: un caso de éxito contra el calor
La ciudad implementó más de 30 corredores ecológicos para conectar zonas verdes, jardines y canales. En los primeros tres años, la temperatura promedio de la ciudad disminuyó en 2°C2, lo que demuestra el impacto real de la infraestructura verde en la reducción del efecto de “isla de calor urbana”.
→ Ciudad de México, México: agua y comunidad
El Parque Lineal Ferrocarril de Cuernavaca transformó 4,5 kilómetros de vías férreas abandonadas en un bosque urbano que protege la biodiversidad local y mejora la recolección y el drenaje del agua pluvial. Este corredor conecta 22 barrios, sumando un nuevo espacio público verde y funcional.
→ Proyecto Mapocho 42K, Chile
La iniciativa busca crear un cicloparque de 42 kilómetros a lo largo de la ribera sur del río Mapocho, conectando once comunas de Santiago. Su objetivo es promover la movilidad sustentable, crear espacios de encuentro e integrar áreas verdes urbanas, estableciendo el río como un corredor verde metropolitano.
→ Red Verde Urbana de Quito, Ecuador
Es un sistema de corredores que conectan áreas naturales y espacios verdes de la ciudad enlazando montañas, quebradas, ríos y vegetación urbana. El objetivo es generar nuevas relaciones entre la naturaleza y la ciudad desde una perspectiva sostenible.
→ Corredor Verde de Montevideo y el Parque Lineal de la Ciudad de la Costa, Uruguay
El proyecto transformó la relación de los ciudadanos con su entorno. Un estudio oficial reciente muestra que estos espacios mejoraron la calidad de vida de los habitantes, la biodiversidad y la mitigación de los efectos del cambio climático3.
→ Vial Costero de Vicente López, Argentina
Con una extensión de 44 hectáreas de espacios verdes a lo largo de la costa del Río de la Plata, el predio incluye áreas de césped, árboles nativos, bicisendas y zonas recreativas. Forma parte de un plan más amplio de costa pública, con más de 5 km transformados en espacios accesibles.
Aunque cada proyecto es único, todos comparten un elemento clave: la planificación integral enfocada en las participación comunitaria. Además, estas iniciativas generan valor inmobiliario al mejorar el entorno urbano y ofrecer espacios recreativos que favorecen el bienestar físico y mental.
La cercanía de los corredores verdes valoriza el entorno urbano y lo vuelve más atractivo para residentes e inversores. En el caso de las viviendas, por ejemplo, esta influencia se suele cuantificar mediante el uso del modelo de precios hedónicos (HPM), un enfoque que estima el valor implícito que las personas están dispuestas a pagar por las características ambientales incorporadas en el precio del inmueble. El área verde urbana fue la variable predictiva más importante, explicando gran parte de las variaciones en los precios inmobiliarios4.
Diversos estudios internacionales5 muestran que la proximidad a áreas verdes incrementa el valor de las propiedades y mejora el atractivo general del entorno urbano. Aunque la mayoría de estas investigaciones se enfocan en el mercado residencial, sus conclusiones permiten inferir que la calidad ambiental exterior también puede valorizar zonas corporativas, especialmente en ciudades que buscan atraer empresas orientadas al bienestar, la sostenibilidad y la eficiencia operativa.
El valor económico se incrementa debido a varios factores:
• Calidad de vida y bienestar. El contacto con la naturaleza reduce el estrés y mejora la salud mental, lo que aumenta el atractivo de la ubicación.
• Mitigación climática. Los espacios verdes ayudan a regular la temperatura, reduciendo el efecto de isla de calor, lo que hace el entorno más agradable y menos costoso de climatizar.
• Mejora ambiental. Actúan como filtros de aire y agua, absorbiendo CO2 y partículas contaminantes, lo que promueve una mejor calidad del aire.
• Movilidad y conectividad. Favorecen la movilidad sostenible como caminar, correr y andar en bicicleta, conectando vecindarios, parques y distritos comerciales.
• Estética y atractivo. Mejoran el paisaje urbano y aumentan el atractivo general del área.
En síntesis, la proximidad a los corredores verdes se ha consolidado como un factor determinante en la valorización de las propiedades residenciales y comerciales. Estos espacios no solo embellecen el entorno, sino que también generan beneficios económicos concretos y medibles: reducen costos de climatización, mejoran la salud y la productividad de los ocupantes, y aumentan el atractivo para inquilinos e inversores. Para quienes buscan maximizar el valor de sus activos inmobiliarios a largo plazo, la infraestructura verde deja de ser un opcional para convertirse en un componente estratégico de inversión. Los corredores ecológicos transforman el entorno y, con ello, el valor de las propiedades que los rodean.
Referencias:
1 https://onu-habitat.org
2 https://www.medellin.gov.co/es/secretaria-medio-ambiente/medellin-biodiversa/corredores-y-muros-verdes/
3 ARQUITECTURAR (2025): “Corredores verdes: el futuro sostenible de las ciudades uruguayas”.
4 LORET DE MOLA, U. et al. (2017): “On the Use of Hedonic Price Indices to Understand Ecosystem Service Provision from Urban Green Space in Five Latin American Megacities”.
5 PIAGGIO, M. (2021): “The value of public urban green spaces: Measuring the effects of proximity to and size of urban green spaces on housing market values in San José, Costa Rica”; SUSTAINABILITY DIRECTORY (2025): “Urban Green Infrastructure and Property Valuation: Scenario”; WOLF, K. L. (2010): “Community Economics – A Literature Review“; BOTTERO, M. et al. (2022): “Urban parks, value uplift and green gentrification: An application of the spatial hedonic model in the city of Brisbane”.
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