Cómo transformar el espacio de trabajo en valor y cultura corporativa
Una publicación de Contract Workplaces
Con la recuperación económica tras la pandemia, las fusiones y adquisiciones corporativas (M&A) han registrado un aumento sostenido. En América Latina, la tendencia mantiene un elevado nivel de actividad y anticipa un panorama favorable a corto plazo.
Uno de los principales impulsores de este incremento es el interés por industrias con alto potencial de expansión tales como la tecnología, los servicios financieros y la infraestructura. En particular, el sector de energía, petróleo y gas ha demostrado ser un importante catalizador y representa cerca de un tercio de las operaciones en mercados como la Argentina1.
Este volumen de actividad tiene un impacto directo en el mercado del Real Estate corporativo. En las operaciones de M&A, el portfolio inmobiliario suele representar entre el 25% y el 30% de la inversión inicial y es frecuentemente el segundo o tercer gasto más importante en el balance2. Sin embargo, a pesar de su peso financiero, suele quedar relegado a un segundo plano frente a otros aspectos del acuerdo, lo que lleva a perder oportunidades para maximizar el valor de la inversión.
Incorporar y gestionar de forma conjunta los activos inmobiliarios tras una adquisición representa uno de los mayores desafíos estratégicos para las empresas. ¿Cómo integrarse sin duplicar costos ni fragmentar la cultura? El desafío consiste en decidir qué oficinas conservar, cuáles consolidar y de qué manera acompañar culturas diferentes.
En este contexto, el nuevo portfolio puede actuar como una reserva de capital o, por el contrario, como una fuente de dificultades imprevistas. Una integración provechosa no consiste en reducir metros cuadrados, sino en transformar el espacio físico en una herramienta de crecimiento y un factor de cohesión cultural. La clave reside en la alineación de la estrategia inmobiliaria con los objetivos de la organización.
Cuando dos empresas se fusionan, sus necesidades espaciales cambian debido a la duplicación de funciones y a la aparición de nuevas estructuras jerárquicas. Sin una visión clara desde el inicio, se corre el riesgo de renovar contratos de alquiler innecesarios o de invertir en mejoras de edificios que no cumplen con los estándares de la nueva organización.
Para evitar costos innecesarios, es preciso realizar un inventario exhaustivo que debe incluir no solo la ubicación y el valor de cada sede, sino también el estado de las instalaciones, la utilización real de los espacios y la proximidad de los empleados a sus lugares de trabajo3.
Al evaluar el portfolio, también se deben considerar factores como la optimización de la ocupación. Informes recientes destacan que en los modelos de trabajo híbrido, el objetivo de eficiencia ha cambiado debido a que la actual ocupación media por día alcanza el 53%, con picos de hasta el 80%4. Según este mismo informe, en la mayoría de las empresas que han adoptado este paradigma, los ratios de asignación pueden llegar hasta 1,49 personas por puesto, lo que permite un mayor aprovechamiento del espacio sin generar sobrecarga. Las oficinas que no puedan adaptarse a estos nuevos estándares son candidatas a la consolidación o la disposición.
La ubicación también es fundamental. Si dos inmuebles se encuentran dentro de la misma área, se abre una oportunidad de consolidación en la que el sitio más eficiente o con los términos contractuales más favorables absorbe al otro. Asimismo, la reconfiguración espacial dentro de los edificios existentes ayudará a optimizar la densidad y la eficiencia operativa.
Solo mediante un proceso que combine el análisis de datos verificables con la visión estratégica del negocio, se pueden anticipar decisiones sobre qué edificios son activos estratégicos y cuáles son prescindibles.
La búsqueda de eficiencia financiera es una de las principales oportunidades de una integración inmobiliaria exitosa. Las sinergias de costos en esta área pueden lograrse mediante distintas estrategias que permiten liberar el potencial de los activos que se adquieren en una operación de M&A, centrando los recursos en el crecimiento operativo en lugar de mantenerlos inmovilizados y generando gastos innecesarios:
La reestructuración del patrimonio de oficinas tras una fusión o adquisición es una de las herramientas más eficientes para rentabilizar la operación, aunque no está exenta de riesgos. Si bien permite eliminar gastos para amortizar la deuda o reinvertir en la actividad principal del negocio, también puede tener consecuencias e impactos internos. La pérdida del espacio de trabajo habitual, la reubicación geográfica de los empleados o la implantación de nuevos modelos laborales pueden deteriorar el clima, provocar pérdida de talento y generar fricciones culturales si la integración física se gestiona como un mero recorte de costos.
La cultura organizacional incluye variables tales como el espacio de trabajo –una de sus expresiones más visibles–, el estilo de liderazgo, la estructura organizacional y la dinámica de los equipos.
La integración de la cultura es uno de los principales desafíos en los procesos de M&A; tanto, que el 43% de los líderes identifica la alineación organizacional y cultural como el aspecto más difícil posterior a una fusión5. En este sentido, el diseño del espacio de trabajo se presenta como una gran herramienta para facilitar dicha integración. En lugar de ser un simple contenedor, la oficina actúa como el escenario donde ambas compañías pueden forjar una nueva identidad compartida.
Para que la transición sea exitosa, la organización debe fomentar un clima de confianza basado en la integridad, cumpliendo con las promesas realizadas durante la fase de negociación y comunicando de manera transparente los cambios en las reglas de operación. Un entorno funcional, sin fricción operativa y visualmente coherente también ayudará a mejorar el ánimo de los equipos y la retención de talento durante el periodo de incertidumbre que sigue a cualquier cambio.
En última instancia, el éxito no se mide solo por los ahorros obtenidos, sino por la capacidad del nuevo entorno físico para sostener el modelo de negocios y proyectar una identidad unificada hacia el interior de la organización y los mercados.
La integración del portfolio inmobiliario tras una fusión o adquisición trasciende lo meramente transaccional para convertirse en una oportunidad de creación de valor y sostenibilidad del negocio a largo plazo. Cuando se gestiona con previsión estratégica, el Real Estate no solo contribuye al éxito financiero de la operación, sino que también puede mejorar el desempeño operativo y favorecer la construcción de una cultura compartida en la entidad resultante.
Referencias:
1 AQUINO, I. & TRIPIER, J. (2026): “Fusiones & Adquisiciones: Perspectivas en Argentina”. PwC Argentina.
2 LAMMOGLIA KIRSCH, G. (2022): “Merger & Acquisition Real Estate Strategies for Global Companies, Introducing a New Way of Working After the COVID-19 Pandemic” .
3 LACHER, B., & MACK, G. (2025): “The importance of real estate portfolio optimization in M&A transactions”.
4 CBRE (2026): “El papel renovado de la oficina en la era híbrida”.
5 KPMG (2025): “Trazando rutas de valor: Un mapa para realizar M&A en América Latina”.
¿Quieres conocer más sobre tendencias relacionadas al mundo del trabajo? Descúbrelas en WOW.
Suscribite