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#128 Julio 2026

Formular las preguntas correctas

El desafío ya no es encontrar respuestas para concebir los espacios de trabajo, sino identificar qué preguntas merecen ser formuladas.

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Una publicación de Contract Workplaces


Históricamente, las decisiones sobre el diseño de oficinas se han centrado casi exclusivamente en el costo, la eficiencia operativa y las métricas financieras. Sin embargo, existen otras variables críticas que determinan gran parte del éxito de un proyecto y que las empresas no pueden dejar de considerar.

Para Peter Drucker, el gurú del Management, lo importante es formular correctamente los problemas. El éxito de una empresa no depende tanto de encontrar las “respuestas correctas” como de identificar las “preguntas correctas”. De acuerdo con su visión, la prioridad no consiste simplemente en resolver los problemas con eficiencia, sino en concentrar los esfuerzos en aquellos que realmente importan.

Las preguntas: cuánto espacio necesitamos, cuánto cuesta y cuándo estará lista la oficina son necesarias, pero no suficientes. Para que un espacio de trabajo cumpla su misión no basta con responder a los requerimientos funcionales o presupuestarios. También debe alinearse con las dinámicas de trabajo de la organización, sostener su desempeño a lo largo del tiempo y generar condiciones favorables para quienes lo utilizan.

Estas cuestiones, que pueden parecer menos evidentes, son las que definirán los resultados a largo plazo. Un espacio puede estar perfectamente diseñado y aun así no responder a las dinámicas de trabajo; una ubicación atractiva puede generar dificultades para atraer talento; un ahorro inicial puede traducirse en mayores costos operativos.

En este contexto, el desafío ya no consiste únicamente en encontrar respuestas para las preguntas tradicionales, sino en ampliar el conjunto de variables que intervienen en la toma de decisiones. Comprender cómo trabaja la organización, qué atributos debe reunir un edificio, cuál será el costo real de la ocupación, cómo gestionar un proyecto complejo o cómo evaluar los resultados son aspectos que influyen directamente en el éxito de un proyecto. La transformación del trabajo amplió el conjunto de preguntas relevantes, por lo que hoy es más importante que nunca no tomar decisiones basadas en lo que creemos saber.

Lo que cambió

¿Por qué esas preguntas ya no alcanzan? Porque cambió la naturaleza del trabajo. Lo que alguna vez respondió a un modelo industrial relativamente estable, hoy se ha transformado en una actividad cada vez más móvil, distribuida y basada en la generación e intercambio de conocimiento.

Gracias al desarrollo de la tecnología, el trabajo se ha vuelto cada vez más móvil, independiente del espacio físico y apoyado en las habilidades sociales y la interacción en red. Al desacoplarse del escritorio fijo, se ha convertido en un modelo en el que los empleados se mueven de manera dinámica entre la oficina central, el hogar y terceros espacios. El trabajo híbrido se ha convertido en la norma en muchas organizaciones.

Los estilos de gestión son menos jerárquicos y las actividades se organizan en torno a grupos de colaboración –a menudo dispersos geográficamente–, lo que ha dado lugar a cambios en el espacio físico. Muchas empresas también han visto la importancia de construir una cultura basada en aquellos modelos que favorecen la creatividad y la innovación, piedra angular de la competitividad.

El bienestar integral y la salud mental, antes ignorados, son ahora prioridades estratégicas, ya que las empresas reconocen que es una condición indispensable para la retención del talento en un mundo de conexión constante. Al mismo tiempo, muchas organizaciones han comenzado a preocuparse por optimizar su operación. El consumo energético, la superficie ocupada, el uso de recursos naturales y la generación de residuos forman parte de una ecuación ambiental que influye directamente en su huella de carbono.

Todos estos cambios están produciendo grandes transformaciones tanto en los modelos de negocios, en las prácticas y los procesos como en el diseño del espacio de trabajo. La sede corporativa se ha convertido en un punto de encuentro para una fuerza laboral cada vez más móvil, en un lugar de tránsito donde la gente se reúne, comparte información y colabora, y en una herramienta estratégica para consolidar y dar cuerpo a las nuevas formas de trabajo.

En última instancia, el trabajo ha dejado de ser una actividad puramente transaccional para incorporar dimensiones vinculadas al propósito, la pertenencia y la conexión social. En este contexto, la oficina ya no funciona únicamente como un contenedor de personas y tareas, sino también como una herramienta organizacional, una expresión de la cultura y una inversión estratégica.

Las preguntas que suelen quedar fuera del radar

A medida que aumentó la complejidad de los espacios de trabajo, también lo hizo la cantidad de variables que influyen en su desempeño. Sin embargo, muchas de ellas continúan apareciendo recién cuando el proyecto está avanzado o cuando ya se han tomado decisiones difíciles de revertir. Este es el punto de partida para hacer las preguntas que no se pueden ignorar:

→ ¿Qué necesita realmente la organización?

Las empresas suelen comenzar sus proyectos definiendo una cantidad de metros cuadrados, una ubicación y un presupuesto. Sin embargo, estas decisiones rara vez responden por sí solas a una pregunta más profunda: qué necesita realmente la organización para alcanzar sus objetivos. Cuando el espacio de trabajo se concibe únicamente como un recurso físico, se corre el riesgo de ignorar el impacto que tienen en el negocio la cultura, la experiencia, la innovación o la capacidad de adaptación. Antes que nada, es necesario comprender qué papel deberá desempeñar ese espacio dentro de la estrategia de la empresa.

El espacio de trabajo no es un gasto más: es una herramienta al servicio de los objetivos de la organización.

→ ¿Cómo trabajan las personas?

El trabajo no es un lugar sino una actividad humana; sus procesos actúan como un guión invisible que condiciona el comportamiento. Es por esto que el espacio de trabajo ha dejado de considerarse como un simple contenedor, sino como un actor diseñado para moldear diferentes dinámicas. La arquitectura y el layout dictan las conductas: una planta abierta puede fomentar la colaboración, mientras que la falta de privacidad puede desencadenar estrés y desconcentración.

Cuando una organización desconoce cómo trabajan realmente sus equipos, se expone a construir espacios que responden más a supuestos o ideales que a necesidades concretas. A partir de este análisis, el diseño podrá dar apoyo a todos los estilos de trabajo (concentración, colaboración, aprendizaje y socialización) para que cada metro cuadrado rinda al máximo.

→ ¿Qué estamos evaluando cuando elegimos un edificio?

La elección de un edificio suele reducirse a factores visibles como la ubicación, el precio o la imagen corporativa. Sin embargo, existen otros elementos menos evidentes que pueden condicionar el desempeño del proyecto durante años. La infraestructura técnica, la calidad espacial, la capacidad de adaptación o las características del entorno urbano son variables que influyen tanto en la experiencia cotidiana como en los costos futuros. Ignorarlas puede limitar desde el inicio las posibilidades del proyecto.

→ ¿Cuál será el costo real de esta decisión?

El costo de una oficina no termina cuando se inaugura el espacio de trabajo. Muchas decisiones aparentemente convenientes generan consecuencias económicas que solo se hacen visibles con el correr del tiempo. Gastos operativos, mantenimiento, renovaciones, ineficiencias de uso o incluso la pérdida de talento pueden transformar una decisión inicialmente atractiva en una carga financiera difícil de sostener.

→ ¿Cómo se gestiona la complejidad?

Los proyectos corporativos involucran cada vez más actores, disciplinas e intereses. Estrategia, arquitectura, tecnología, finanzas, construcción y operación deben avanzar de manera coordinada para evitar contradicciones y trabajos adicionales. Cuando esta complejidad no se gestiona adecuadamente, aparecen retrasos, sobrecostos y decisiones que optimizan una parte del proyecto a expensas del conjunto.

→ ¿Cómo sabremos si el proyecto fue exitoso?

La inauguración suele percibirse como el final del proyecto. Sin embargo, es recién a partir de la ocupación cuando es posible evaluar si los objetivos realmente se cumplieron. La medición del retorno de la inversión (ROI) en una nueva oficina ha evolucionado de un enfoque puramente financiero a uno holístico y transversal que integra el desempeño económico, la eficiencia operativa y el impacto en el capital humano. Sin criterios claros para responder estas preguntas, el éxito corre el riesgo de convertirse en una percepción subjetiva más que en un resultado verificable.

Formular las preguntas correctas no garantiza el éxito de un proyecto. Pero ignorarlas aumenta significativamente las probabilidades de tomar decisiones incompletas. En un contexto donde los espacios de trabajo se han vuelto más complejos, el desafío ya no consiste únicamente en encontrar respuestas, sino en ampliar la mirada para identificar qué preguntas merecen ser formuladas.


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