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Con espíritu innovador: Nuevas oficinas de Bayer en Santiago

Bayer, la tradicional compañía alemana dedicada a la salud y la agricultura, estrenó sus nuevas oficinas en los pisos 20° y 21° del edificio Costanera Center, el rascacielos más alto de Latinoamérica ubicado en el corazón del distrito financiero de Santiago. La necesidad de adaptarse a las nuevas formas de trabajo determinó la decisión de trasladarse desde un espacio cerrado y territorial con límites y fronteras, hacia una oficina de planta abierta, sin distinción de jerarquías, donde priman los conceptos de movilidad, flexibilidad y ergonomía. El proyecto, íntegramente realizado por Contract Workplaces, encarna con éxito estos requerimientos al mismo tiempo que refleja el espíritu innovador de la empresa sin descuidar la identidad geográfica y cultural.

Bayer es una empresa con una larga trayectoria en todo el mundo –presente desde hace más de 100 años en el mercado chileno–, que evoluciona permanentemente para adaptarse a los tiempos que corren. Por este motivo, sus nuevas oficinas debían encarnar la imagen de una compañía innovadora y líder del mercado, preocupada por la calidad de vida de las personas.

La nueva sede se desarrolló en dos plantas de la Torre Costanera en coincidencia con las últimas tendencias que favorecen la movilidad, la flexibilidad y la colaboración, a fin de lograr un espacio de trabajo que ayude a potenciar la innovación y a desarrollar mejor las actividades de la compañía.

El proyecto establece una clara diferenciación entre el espacio público y el espacio privado, cuenta con áreas abiertas que fomentan la horizontalidad y el trabajo colaborativo así como con ambientes cerrados que priorizan la privacidad y el enfoque en el trabajo diario con la idea de disminuir la burocracia y dotar de mayor eficiencia y fluidez al trabajo.

En el piso 21° se ubicó el área pública más relacionada con el visitante externo y los lugares de encuentro formales mientras que el piso 22° dio lugar a un espacio social más relajado y orientado al público interno. Ambos niveles se encuentran articulados por una gran escalera de carácter escultórico que tiene gran protagonismo en el proyecto.

Los puestos de trabajo y los espacios comunes se organizaron en open plan sobre el perímetro de la planta lo cual permitió un acceso democrático a las vistas al exterior, la luz natural y los espacios de soporte. Las salas de reuniones y los espacios cerrados se dispusieron hacia el interior, apoyados sobre el núcleo de circulación del edificio. Enfatizando el carácter abierto y no jerárquico del espacio se utilizó el mismo modelo y calidad de silla para todos los colaboradores, sin distinción.

A fin de responder a las distintas necesidades de trabajo de la empresa se establecieron distintas tipologías de espacio, creando un gradiente de concentración hacia el centro de la planta, de mayor a menor. En las zonas con las mejores vistas se ubicaron los espacios más contemplativos y de mayor concentración mientras que en el centro se dispusieron las áreas más colaborativas y de trabajo en equipo.

El resultado es un proyecto que cuenta con la misma cantidad de puestos de trabajo individuales que de colaboración, y que ofrece una amplia gama de opciones para desarrollar distintos tipos de tarea: áreas con distinto grado de concentración, espacios para reuniones tanto espontáneas como programadas, espacios de break tales como la cafetería, etc.

Otra de las premisas con las que se trabajó fue estimular la relación de las personas con la naturaleza para crear experiencias emocionalmente positivas. Para eso se buscó favorecer las vistas al exterior, aprovechar al máximo la luz solar y utilizar aquellos materiales y colores presentes con mayor frecuencia en la naturaleza: predominio de las tonalidades verdes, azules y marrones, alfombras con textura y patrones aleatorios, formas curvas y orgánicas en el mobiliario. Al mismo tiempo, tanto el diseño hexagonal de los cajones del cielorraso como la gráfica responden a la idea de reflejar la identidad de la empresa con un lenguaje molecular significativo para su actividad.

Para potenciar la conectividad entre los equipos de trabajo dispersos en todo el mundo, el proyecto incorporó tecnologías de vanguardia tales como redes de comunicaciones y salas de conferencia de primer nivel, sistemas de control lumínico y reserva de salas de reuniones.

Una experiencia social

Aunque la tecnología hoy hace posible que muchas tareas se puedan llevar a cabo fuera de la oficina, algunas empresas apuestan por el trabajo presencial mientras que otras han rediseñado sus sedes brindando espacios destinados a los encuentros y el intercambio social con la esperanza de que los trabajadores elijan ir a la oficina. Sin duda, los encuentros cara a cara son muy productivos pero, ¿cuál es el factor clave que hace que mejoren las relaciones cuando estamos presentes? Las investigaciones muestran que el contacto visual es la base de la conexión humana tanto desde el punto de vista biológico como cultural; nos ayuda a interpretar las intenciones de los otros y, así, a mejorar la toma de decisiones y a aumentar la comprensión y la empatía. El espacio de trabajo puede transformarse en una experiencia social para promover la interacción entre las personas en el mundo real.

La posibilidad de trabajar desde casa o desde cualquier locación alternativa eligiendo cómo y cuándo hacerlo es uno de los beneficios más apreciados por los empleados corporativos de hoy. Además de mejorar el rendimiento y la tasa de retención, la adopción del teletrabajo aparece como un emergente natural para hacer frente a diversos tipos de problemas actuales: la búsqueda de un equilibrio entre el trabajo y la vida personal, de un menor impacto medioambiental, el aumento de la flexibilidad y la necesidad de dar una respuesta rápida a las oportunidades que se presentan en la nueva economía global, entre muchos otros requerimientos.

A pesar de que la tendencia parecía definitivamente instalada en las prácticas corporativas habituales, a mediados de 2013, Marissa Mayer –por ese entonces flamante CEO de Yahoo!–, instó a todos sus colaboradores a dejar el trabajo a distancia para volver a la oficina. La decisión, basada en la necesidad de una mayor colaboración e interacción cara a cara de un plantel que solía trabajar en distintas locaciones, levantó polvareda. Las opiniones se dividieron entre los defensores de la flexibilidad y el teletrabajo como el Santo Grial de la productividad por un lado, y aquellos que reconocen en las relaciones presenciales el germen de la innovación por el otro.

Lo cierto es que, pasada la conmoción inicial, hoy, muchas empresas están optando por un camino intermedio: han rediseñado y reestructurado sus espacios de trabajo para que los empleados –que pueden elegir cómo, cuándo y dónde trabajar– prefieran ir a la oficina en lugar de quedarse en casa, redescubriendo el valor de tener un excelente lugar para reunirse y colaborar junto a su equipo. Tal como afirmaba Mayer, la idea detrás de este golpe de timón es que las personas colaboran mejor y son más creativas e innovadoras cuando están juntas y son capaces de confrontar visiones diferentes. Los encuentros casuales y las reuniones improvisadas son el fermento ideal para lograrlo.

Entonces, ¿es mejor teletrabajar o ir a la oficina? La respuesta no es fácil porque ambos enfoques tienen  ventajas y desventajas. Por un lado, hay trabajos que se pueden realizar sin problema en forma remota con grandes beneficios, pero no hay que perder de vista el enorme provecho que obtienen tanto los trabajadores como la empresa cuando nos conectamos con más personas.

A continuación veremos cuáles son los beneficios reales de trabajar cara a cara.

 

El secreto de los ojos

Según una investigación del Center for Brain and Cognitive Development de la University of London, el contacto visual es la base de la conexión humana tanto desde el punto de vista biológico como cultural. Los estudios de los mecanismos neurológicos y cognitivos implicados en percibir y responder a las señales sociales muestran que ver a otra persona activa partes específicas del cerebro llamadas “neuronas espejo”, las cuales reaccionan con mayor intensidad durante el contacto cara a cara y un poco menos durante el contacto por video. Las neuronas espejo nos permiten “leer” las intenciones de las otras personas, lo cual fomenta la comprensión mutua y la empatía.

Esto se explica porque la vista es uno de nuestros medios de comunicación más importantes y primitivos. El predominio de la visión por sobre los demás sentidos se verifica por el hecho de que casi el 50% del cerebro está dedicado al procesamiento visual y porque la visión requiere un gasto energético adicional.

De acuerdo con Adrian Furnham, profesor de Psicología del Universitary College of London, la mirada desempeña un papel crucial en la conversación ya que permite obtener retroalimentación del interlocutor al mismo tiempo que sirve como señal de sincronización. Las modificaciones que se producen en los ojos durante la interacción cara a cara tales como la dilatación de la pupila, la frecuencia del parpadeo, la dirección de la mirada, el agrandamiento de los ojos, etc., envían mensajes muy claros que permiten interpretar la disposición de los otros.

Pero, además, la mirada puede invitar a la interacción o eludir el contacto recíproco: sostener la mirada de otro es señal de aceptación mientras que evitarla se puede interpretar como una signo de vergüenza, timidez o, simplemente, de rechazo.

La distancia entre las personas también influye. Tan pronto como el espacio interpersonal se reduce y cae por debajo de 1,50 m (de acuerdo con los principios de la proxemia y las diferencias culturales) los patrones de contacto visual disminuyen. En los ascensores, por ejemplo, miramos hacia la puerta porque estamos demasiado cerca de los demás ocupantes y evitar la mirada nos ayuda a reducir la incomodidad de sentir invadido nuestro espacio personal.

No obstante, Furnham asegura que algunos factores tales como la manera de distribuir el equipamiento dentro del espacio también pueden influir en la posibilidad de hacer contacto visual, maximizando o minimizando las oportunidades. En la oficina, la posición de las sillas, los escritorios y el resto del mobiliario, pueden determinar un estilo  de comunicación y afectar las posibilidades de intercambio. La distancia a la cual se sientan las personas, el ángulo y orientación de los escritorios, la presencia de separadores u obstáculos entre los mismos, etc., van a determinar lo fácil o difícil que resultará establecer contacto visual con el resto de la gente.

 

Detrás del espejo

A fines de los 90, el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Parma, Italia, descubrieron que ciertas células cerebrales del mono se disparaban de la misma manera tanto si realizaba un movimiento en particular como si veía a otro mono hacer ese mismo movimiento. El cerebro del animal no distinguía entre hacer algo y verlo. Por lo tanto, los científicos llamaron a esas células cerebrales “neuronas espejo”.

En los seres humanos, las neuronas espejo no solo simulan acciones sino que también reflejan intenciones y sentimientos, desempeñando un papel clave en la capacidad para socializar. La aptitud y disposición para comprender las intenciones, las necesidades y las emociones de otras personas constituyen un elemento fundamental de la conducta social y la construcción de relaciones. Es lo que se llama “empatía”, y resulta crucial en el lugar de trabajo.

Ser capaces de leer las señales del lenguaje corporal (especialmente las expresiones faciales) y de interpretar la emoción o la intencionalidad que subyace en ellas nos brinda la posibilidad de comprender mejor el medio social que nos rodea. La base de nuestro comportamiento social es que exista la capacidad de tener empatía e imaginar lo que el otro está pensando.

La empatía es una de las características más importantes para construir equipos cohesivos. No solo crea un ambiente amigable y reconfortante sino que también favorece el trabajo de colaboración para alcanzar un objetivo común.

El cerebro social

A diferencia de lo que ocurre en las relaciones virtuales, en las relaciones cara a cara intervienen poderosos mecanismos de comunicación no verbal, los cuales incluyen diferentes signos paralingüísticos (intensidad y tono de la voz, volumen, fluidez, etc.) y no verbales.

De acuerdo con las investigaciones clásicas el 55% de la comunicación es no verbal mientras que el 38% incluye el tono de voz y solo el 7% está en relación con las palabras y el contenido. De esto se infiere que la comunicación no verbal es un componente clave para una interacción y una colaboración exitosas que solo se da en los encuentros cara a cara.

Según un estudio llevado a cabo por Alex Pentland, los encuentros personales son importantes debido a que el comportamiento de la gente está mediado mayormente a través de procesos no lingüísticos. Mientras que muchas comunicaciones sociales son conscientes y pueden ser manipuladas con fines determinados, existen poderosas señales no lingüísticas inconscientes que son tan importantes como los contenidos propiamente dichos.

Los resultados del estudio revelan que el comportamiento de las personas está en gran medida determinado por los instintos de manada y de respuesta social; tanto, que el 40% o más de los cambios en la conducta se encuentran determinados por el comportamiento no lingüístico de la gente que nos rodea. Esto pone de manifiesto que nuestra conducta está profunda e indisolublemente conectada con la de las personas que nos rodean. Los datos de la investigación también apoyan la hipótesis de que la condición humana estaría más relacionada con la inclusión dentro de una red social que con el individuo aislado.

Durante la interacción social cara a cara, el tono de voz, la risa, la postura corporal, los gestos, etc., revelan los deseos e intereses de cada individuo así como su posición dentro del grupo. Estas señales acompañan cada tema de discusión y comunican de forma implícita el consenso general a cada miembro en cada toma de decisiones. Según afirma  Pentland, este proceso mediado socialmente a través de señales inconscientes podría resultar más inteligente que cualquiera de los miembros individuales del grupo. El poder de este “cerebro social” derivaría de la capacidad del conjunto de personas para integrar la información recopilada por sus diferentes miembros.

Al parecer, una parte importante de nuestros procesos cognitivos tendría su origen en la red social a través de procesos inconscientes tales como la mencionada señalización y la imitación. En consecuencia, nuestra inteligencia también  dependería en parte de las propiedades de la red social de la que formamos parte.

De la evidencia aportada por este estudio se desprende la enorme importancia de contar con un espacio de trabajo que promueva la socialización, la interacción y la colaboración entre las personas, porque tanto nuestro comportamiento como nuestros procesos de pensamiento se encuentran fuertemente influenciados no solo por las características individuales sino también por las relaciones sociales que establezcamos.

 

Conclusiones

A pesar de los enormes avances tecnológicos que nos permiten trabajar como, cuando y donde nos convenga, la oficina sigue y seguirá siendo el centro de la actividad social. Hoy, muchas empresas están redescubriendo el valor de contar con un espacio físico para trabajar y reunir a sus equipos.

Los seres humanos somos una especie profundamente social. La necesidad de colaboración, comunicación y socialización está en nuestra naturaleza. Cuando las personas se encuentran, se activan mecanismos neurológicos innatos destinados a facilitar los vínculos enviando señales que, muchas veces, permanecen debajo del plano de nuestra consciencia.

Durante los encuentros cara a cara, la mirada, las expresiones del rostro, el lenguaje corporal y otros signos no verbales nos permiten decodificar intenciones, emociones y consensos. La empatía nos ayuda a establecer la comunicación y la integración con el grupo social al que pertenecemos.

El espacio de trabajo debe convertirse en un instrumento para canalizar y aprovechar la inteligencia de nuestro “cerebro social”, para mejorar la incorporación de información y la toma de decisiones, y para dar rienda suelta a la creatividad y la innovación.

La metáfora de la ciudad

El fuerte crecimiento urbano ha dado lugar a nuevos enfoques para hacer frente a las presiones que actualmente sufren las grandes ciudades. La Física Urbana es una nueva disciplina que está siendo utilizada para analizar las características de las grandes urbes a partir de modelos que estudian su complejidad y que arroja luz sobre los problemas que surgen dentro del ámbito social, espacial, de infraestructura, medioambiental, etc. Este cruce interdisciplinario entre la Física y el Urbanismo también ha resultado ser útil en la planificación de los espacios de trabajo ayudando a las organizaciones a optimizar y adecuar sus recursos físicos a los diversos estilos y requerimientos de su fuerza laboral. La metáfora de la ciudad brinda un marco conceptual para crear espacios flexibles (vecindarios, barrios, comunidades) que se adaptan a la experiencia y las necesidades de los colaboradores, y que aumentan su bienestar, su compromiso y su productividad.

Actualmente, más del 50% de la población mundial vive en áreas urbanas y sigue creciendo a un ritmo acelerado. Esta cifra, que en América Latina alcanza el 80%, es más que ilustrativa para calibrar la urgencia por encontrar modelos que ayuden a comprender la dinámica de las ciudades, una mezcla compleja de infraestructura, ambiente y personas que debe satisfacer las necesidades de sus habitantes: seguridad, salud, vivienda, movilidad, agua, alimentos, energía, educación, esparcimiento, etc.
La Física Urbana es un nuevo campo de estudio que, aplicando los conocimientos y las herramientas de la Física, parte de la analogía entre las ciudades y los materiales complejos para comprender los fenómenos urbanos. El método se basa en extraer la información estadística más importante de una gran ciudad para elaborar un modelo por computadora que puede capturar con precisión su estructura interna con un mínimo de datos. Luego, estos modelos pueden ser manipulados para explorar fenómenos tales como la eficiencia energética de los edificios, las condiciones de la infraestructura, el flujo del tránsito y la detección de emergencias, por ejemplo, al mismo tiempo que ayudan a revelar problemas y oportunidades de cambio.

Lo que hace posible la elaboración de estos modelos es la enorme cantidad de información que hoy se puede recoger a través de distintos medios. La rápida proliferación de sensores que capturan todo tipo de datos junto con los avances del poder y las técnicas computacionales pueden combinarse para crear una visión sin precedentes de la estructura y la dinámica urbanas.

Los datos, que son recogidos en tiempo real, pueden mostrar cómo funcionan individualmente los sistemas urbanos y cómo interactúan, tanto entre sí como con la gente. Las redes sociales y los dispositivos móviles que registran la actividad física y los parámetros fisiológicos de los usuarios proporcionan información relevante sobre la actividad de las personas, cómo se sienten y a qué están atentas. Esta avalancha de datos pone de manifiesto no solo el funcionamiento de la ciudad sino que también refleja la calidad de vida de sus habitantes.

Los principios básicos de la Física Urbana también pueden resultar muy útiles en la planificación de los espacios de trabajo. El uso de la información proveniente de la actividad que se desarrolla en la empresa puede ayudar a optimizar las oficinas de acuerdo con cada negocio y con el estilo de trabajo de los empleados.

Para obtener estos datos, habitualmente se implementan diversos métodos tales como cuestionarios y encuestas. Pero también existen desarrollos tecnológicos que permiten construir modelos computacionales de las interacciones sociales a partir de los datos que recogen los sensores ambientales y personales. La información así obtenida se combina con otras fuentes, lo cual permite contar con un amplio panorama sobre la forma en la que se lleva a cabo el trabajo y cómo se usa el espacio en la oficina.

La minería de datos del correo electrónico, los blogs, las wikis, la comunicación electrónica en general –incluyendo el uso de las redes WiFi y la telefonía móvil– junto con los sensores ambientales (de ocupación, de temperatura, etc.), todos juntos proporcionan información de gran utilidad sobre la estructura social y el funcionamiento de las organizaciones que puede ser aprovechada.

Al combinar los datos provenientes de ambos mundos –el real y el virtual– es posible entender el flujo del trabajo y el comportamiento de las personas a una escala inimaginable, lo cual sienta las bases para comprender a la organización y generar nuevos modelos.
Pertenecer es la clave
Todo este conocimiento se puede utilizar para crear nuevas formas de organizar a la gente y mejorar la forma en la que trabajamos, diseñando espacios de trabajo que respondan tanto a las características de la fuerza laboral como a las necesidades de cada empresa.

Para desempeñarnos eficazmente, los seres humanos necesitamos un sistema social que nos contenga, una estructura que organice el entramado de relaciones y le dé marco a nuestra vida. La “comunidad” –entendida como la agrupación mediada por un vínculo espontáneo y natural– es la base de la sociedad y el pegamento social que nos une.

Es esta necesidad primaria la única que puede explicar el hecho de que más de 1.700 millones de personas sean usuarias de Facebook y unos 460 millones de LinkedIn, por ejemplo. Los medios de comunicación social y la creación de redes son un medio para que la gente haga una conexión con los demás: compartir, mostrar, celebrar, ser parte de una comunidad.

En una organización, la formación de una comunidad significa trascender el mero hecho de reunirse para ganar el sustento; también se trata de encontrar valor en el trabajo y en la relación con los colegas. El proceso puede comenzar con grupos pequeños de colaboradores comprometidos, el germen para crear comunidades fuertes.

En sintonía con este concepto más propio del entorno urbano, muchas empresas han comenzado a transformar sus espacios de trabajo convirtiendo la noción de “territorio” (sentirse dueño de un despacho, de un escritorio, de una silla) en “membresía”. En lugar de apropiarse de unos cuantos metros cuadrados y unas piezas de mobiliario, los colaboradores devienen miembros de un vecindario, de un barrio, de una comunidad.

El espacio de trabajo se transforma así en un factor crucial para dar forma a estos cambios; tanto, que algunas características propias del diseño pueden transformarse en verdaderos facilitadores (o inhibidores) de aquellos comportamientos que se quieren promover.

La creación de un ámbito con características urbanas dentro del espacio de trabajo apunta a crear este sentido de comunidad en el que prevalece la cooperación por sobre el trabajo individual y donde cada grupo puede elegir entre una serie de espacios para desarrollar los proyectos en curso y estimular la innovación.
La oficina como ciudad
Las nuevas formas de trabajo representan un cambio muy grande con respecto a los modelos precedentes. La oficina convencional (oficinas privadas, cubículos, uniformidad espacial, etc.) está siendo reemplazada por espacios más horizontales, dinámicos y conectados para fomentar la innovación y la colaboración mientras siguen apoyando el trabajo de concentración.

El crecimiento de tendencias tales como el trabajo a distancia, el trabajo en equipo y el equilibrio entre el trabajo y la vida personal está instando a las empresas a desarrollar espacios más flexibles que puedan responder a unas necesidades en constante cambio.

El concepto de oficina como contenedor que aloja la infraestructura de la empresa está migrando hacia un modelo flexible y dinámico que proporciona una variedad de opciones orientadas a facilitar el encuentro y la colaboración entre las personas. El espacio y el tiempo del trabajo se redefinen, y la eficiencia da paso al compromiso dentro de una comunidad orientada a cumplir objetivos comunes.

Estas tendencias están dando lugar a una nueva forma de pensar el espacio de trabajo: la oficina como metáfora de la ciudad. De esta forma, la oficina se organiza en “vecindarios” donde, tal como ocurre en las grandes ciudades, se pueden encontrar áreas destinadas a actividades tranquilas y a experiencias grupales, patios, terrazas, cafés y destinos más sociales.

El concepto se basa en proporcionar un ambiente flexible con una gama de diferentes espacios basados en la actividad. En lugar de poseer un escritorio, los empleados se convierten en miembros de una comunidad específica, un vecindario dentro de la oficina. La idea es apoyar y fomentar la colaboración, la concentración y la conexión, ya que en algunas empresas el 80% del trabajo es de colaboración .

Estos nuevos modelos se caracterizan por el alto grado de autonomía que tienen los colaboradores junto con un layout donde los espacios están explícitamente diseñados para apoyar el trabajo distribuido. Ambientes dinámicos e interactivos que reconocen el vuelco sustancial que hoy en día está sufriendo el mundo laboral hacia las actividades de colaboración tanto formales como informales, como así también la relevancia que está ganando el componente social del trabajo.

La clave es brindar a los equipos la posibilidad de desarrollar sus tareas dentro de un ámbito que se sienta como propio, que fomente la innovación y que facilite la colaboración al mismo tiempo que satisfaga la necesidad de privacidad y el trabajo individual. El diseño del layout debe permitir que las personas se muevan de un espacio a otro según sus necesidades y que puedan interactuar de manera casual e imprevista, de la misma forma que lo hacen en los espacios públicos bien planificados de una gran ciudad.

Y al igual que ocurre en una ciudad, el territorio cambia constantemente, se adapta a las necesidades, a las costumbres y a los usos de sus habitantes. Surgen nuevos espacios y otros desaparecen. Con cada nuevo proyecto que comienza los equipos se instalan en un sector de la oficina moviendo paneles y muebles para albergar esa actividad temporal. Y aquellos que trabajan en múltiples proyectos se mueven de un área a otra durante el curso del día, hacia distintos vecindarios.

De acuerdo con un estudio de la empresa Knoll , estos entornos de trabajo se caracterizan por brindar una gran variedad de áreas compartidas: espacios individuales más pequeños y de mayor densidad, una gama más amplia de zonas para el trabajo en equipo, mayor superficie asignada para espacios colaborativos y menor énfasis en los grandes espacios de reuniones formales.

Los datos obtenidos sobre el uso del espacio revelan que, dado que hoy las reuniones tienden a ser más cortas y menos formales y numerosas, el tamaño de las salas de reuniones se reduce. Cuando existen salas más grandes, estas se vuelven más versátiles y pueden reconfigurarse.

Los participantes del estudio mencionado coincidieron en que la cafetería se está convirtiendo en el eje central del espacio de trabajo. Sirve como ámbito comunitario, de reunión, de socialización y como espacio de trabajo individual para aquellos a quienes les gusta trabajar sin perder contacto con los demás. Las características más importantes incluyen una variedad de tipos de asientos, soporte tecnológico adecuado y espacio para una variedad de actividades simultáneas.

La metáfora de la ciudad como modelo para el espacio de trabajo aporta gran flexibilidad y adecuación tanto a las necesidades de la organización como a los requerimientos de los colaboradores dentro de un mercado en constante cambio. Mientras las personas se mantengan dentro de los códigos previamente establecidos para el modelo urbano adoptado, cada uno podrá desarrollar su tarea de manera diferente con resultados completamente imprevistos.

Conclusiones
Actualmente, la única constante en el mundo del trabajo es el cambio. Esto exige la creación de nuevos paradigmas que se adapten tanto a las exigencias de los mercados como a las nuevas modalidades de trabajo centradas en la flexibilidad y las necesidades de las personas.

La metáfora urbana, basada en las particularidades de uso que presentan las ciudades, ha comenzado a formar parte del lenguaje de diseño del espacio de trabajo: permeabilidad, diversidad, experiencias superpuestas que cambian constantemente, sentido de comunidad, etc. El espacio ya no refleja las estructuras jerárquicas sino que apoya las redes dispersas, la colaboración y la innovación.

La flexibilidad que impone el trabajo móvil también permite que cada metro cuadrado de la oficina se utilice de manera intensiva ya que el espacio de trabajo se puede utilizar de forma compartida según sea necesario, maximizando la adaptabilidad y versatilidad de usos, y minimizando los costos fijos.

El modelo urbano también permite a las empresas contar con formas más creativas y eficientes de ahorrar espacio. 

El ruido en la oficina

El trabajo y el lugar de trabajo han cambiado. Las organizaciones buscan mejorar la colaboración y la flexibilidad en sus oficinas al mismo tiempo que aumenta la densidad de ocupación y se asignan menos espacios privados. Pero las características propias de estos entornos no contribuyen a preservar ni la privacidad ni la concentración. La clave para hallar el equilibrio está en comprender de qué manera los distintos elementos pueden afectar el nivel de ruido y encontrar las soluciones más adecuadas para un determinado espacio de trabajo.

Las nuevas demandas de flexibilidad, movilidad y comunicación han cambiado los modelos de organización y comunicación de las empresas. Los nuevos espacios de trabajo son abiertos y carecen de barreras físicas para mejorar la comunicación entre los colaboradores y facilitar el acceso de la luz natural; son más flexibles y cuentan con muebles y espacios fácilmente reconfigurables; están orientados a la comunicación y la interacción social, por lo cual disponen de una amplia variedad de espacios destinados a tal fin: áreas para reuniones espontáneas, salas de reuniones y espacios de intercambio social. En algunos casos se incorporan espacios cerrados destinados a las tareas que requieren mayor privacidad y concentración.

Los estilos de trabajo actuales basados en la comunicación y el trabajo en equipo, se nutren de la interacción, que puede ir desde las conversaciones casuales hasta las reuniones espontáneas no planificadas.

Las formas de comunicación, relativamente limitadas y jerárquicas que habían caracterizado a las organizaciones del pasado, se han convertido en modelos de intercambio fluidos en los que los trabajadores necesitan hablar con una gran variedad de interlocutores. Al mismo tiempo, la comunicación informal es reconocida cada vez más como una forma de crear y reforzar la cultura de la organización, una manera de generar compromiso y de compartir los conocimientos y habilidades que van más allá de los requisitos formales sobre cómo hacer el trabajo.

Dentro de este nuevo contexto, el espacio se ha transformado en un recurso de la organización para conseguir los objetivos de negocio que influye fuertemente en las formas de interacción, en el flujo del trabajo y en la productividad.

Pero si bien los empleados valoran la posibilidad de comunicarse con mayor fluidez y las organizaciones lo alientan, lo cierto es que las características propias de estos entornos no contribuyen a preservar ni la privacidad ni la concentración.

La clave para hallar el equilibrio está en comprender de qué manera los distintos elementos de la oficina pueden afectar el nivel de ruido -y, por ende, el rendimiento de los trabajadores- y encontrar las soluciones más adecuadas para un determinado espacio de trabajo.

El confort acústico

En los últimos tiempos ha habido mejoras sustanciales en casi todos los factores de confort ambiental dentro de la oficina, excepto en los que se refieren al ruido y la privacidad de las conversaciones. Una buena acústica también es un factor indispensable para asegurar el rendimiento y el bienestar en el lugar de trabajo, y resulta fundamental para dar soporte a los nuevos estilos laborales.

Pero a pesar de que una buena acústica es un factor que contribuye a la calidad ambiental tanto como la iluminación, la climatización, la ergonomía y la calidad del aire interior, es un factor que, habitualmente, no forma parte del diseño integral del lugar de trabajo contemporáneo.

Para desempeñar sus tareas adecuadamente, los empleados necesitan un espacio de trabajo que tenga en cuenta factores acústicos opuestos: por un lado, la necesidad de contar con privacidad, y por el otro, la posibilidad de comunicarse con las personas que integran su grupo de trabajo sin molestar al resto.

El confort acústico se logra cuando el lugar de trabajo proporciona un apoyo acústico apropiado tanto para la interacción fluida como para la confidencialidad y el trabajo de concentración.

La clave para solucionar este problema es tratar de comprender quién va a usar el espacio, qué grado de privacidad se necesita en diferentes momentos o lugares, cuáles serán los objetivos de acondicionamiento a alcanzar y de qué manera los distintos elementos de la oficina pueden afectar la acústica.

Hay tres áreas que deben abordarse para crear un buen confort acústico: el comportamiento de las personas, el diseño del espacio de trabajo y el tratamiento acústico. Integrando estas tres áreas se puede lograr un lugar de trabajo confortable y compatible con todos los estilos y actividades.

Cómo modificar el comportamiento

Según algunos estudios que miden la satisfacción de los empleados con su lugar de trabajo,
el ruido aparece como una de las causas más importantes de las distracciones y las interrupciones, de la disminución en la eficiencia, del aumento del estrés y de la insatisfacción laboral. También indican que la mayoría de las quejas se refieren a las condiciones acústicas de las oficinas en lo que se refiere a la privacidad de la voz: oír una conversación no deseada (cara a cara o por teléfono) o tener la sensación de que se está siendo escuchado. Debido a que en un espacio de trabajo abierto es más fácil ver a los colegas, se generan más conversaciones espontáneas, lo cual aumenta las distracciones de los que hacen trabajo silencioso.

Dado que las oficinas actuales necesitan dar soporte a dos estilos de trabajo que se excluyen mutuamente (concentrado y de colaboración), la gente debe ajustar sus comportamientos para lograr el confort acústico. El espacio puede proporcionar la base física para lograr este confort pero, sin un ajuste en el comportamiento de las personas, no será posible alcanzarlo.

He aquí algunas simples normas de conducta que ayudarán a reducir el nivel de ruido y las distracciones en la oficina:

• Hablar en un tono de voz normal o bajo.

• Limitar las conversaciones dentro del espacio de trabajo abierto; tratar de mantener las reuniones a puertas cerradas o en espacios públicos lejos de los puestos de trabajo.

• Tener en cuenta que las conversaciones que se mantienen antes y después de ingresar a una sala de reuniones pueden ser escuchadas por los trabajadores que se encuentran cerca. En lo posible, hay ubicar las entradas de estas salas lejos de los puestos de trabajo para permitir que la comunicación que se produce antes y después no moleste a terceros no involucrados.

• No interrumpir si alguien parece estar concentrado. Es preferible volver más tarde o utilizar un medio alternativo como el e-mail o el chat.

• Mantener conversaciones telefónicas breves; caso contrario, conviene trasladarse a un espacio ad hoc (phone booth, sala de reunión, etc.).

• Utilizar un equipo portátil que se puede mover fácilmente a una sala cerrada si se sabe con anticipación que va a ser necesario tener acceso a una computadora durante una llamada programada.

• Nunca usar teléfonos con altavoz en la oficina abierta.

 

Apoyar los cambios

Para lograr cambios en el comportamiento de los trabajadores orientados a mejorar el nivel de ruido en la oficina se requiere algo más que la implantación de nuevas reglas. También se deben incluir estrategias que favorezcan la movilidad y la productividad. Las estrategias para lograr el confort acústico deberían incluir lo siguiente:

Tecnología. Proporcionar tecnologías móviles que permitan a los trabajadores moverse con facilidad a una nueva ubicación; proveer auriculares de teléfono para las personas que necesitan recibir llamadas en su escritorio; proveer auriculares de cancelación de ruido para aquellos que no quieren moverse a una nueva ubicación con el fin de concentrarse.

Espacio. Proporcionar áreas silenciosas (tales como una sala de lectura) donde los trabajadores pueden concentrarse sin distracciones; permitir la elección del puesto de trabajo (algunas personas son más sensibles que otras a las distracciones); ubicar las actividades generadoras de ruido en los espacios más alejado de de las áreas que necesitan concentración.

Políticas. Permitir a los empleados que desarrollan tareas que requieren una concentración intensa que trabajen desde casa o desde otro lugar alternativo.

 

Preservar la privacidad

Cuando hablamos de privacidad de las conversaciones nos referimos al grado de inteligibilidad que tiene el contenido de esa conversación para un oyente no deseado. Los niveles más comúnmente aceptados de privacidad son los siguientes:

Confidencial. Representa un Índice de Privacidad (IP) del 95% al 100%. Las conversaciones cercanas pueden ser parcialmente escuchadas, pero definitivamente no se entienden. Los compañeros de trabajo pueden oír los sonidos apagados pero el significado de las palabras no es inteligible; no hacen que se distraigan de su trabajo.

No intrusivo (normal). Representa un valor de IP de entre el 80% y el 95%. Las conversaciones cercanas pueden ser parcialmente oídas y algunas palabras o frases sueltas pueden ser inteligibles. Los compañeros de trabajo pueden escuchar alguna parte de la conversación, pero la intensidad no es causa de distracción y por lo general pueden continuar con su trabajo.

El nivel de privacidad no intrusivo es el objetivo de diseño más común para entornos de oficina con un esquema de Open Plan, sobre todo cuando se trata de estimular la productividad del “trabajador del conocimiento”. Sin embargo, no es un objetivo de diseño adecuado en otros ambientes donde los niveles de privacidad y confidencialidad son necesarios.

Marginal (pobre). Representa un valor de IP de entre un 60% y un 80%. La mayoría de las conversaciones cercanas pueden ser oídas y es probable que sean inteligibles. Los compañeros de trabajo pueden entender más palabras y frases, y la intensidad de la conversación puede representar una distracción para ellos.

Sin privacidad. Representa un número valor de IP de 60% o menos. Todas las conversaciones pueden ser claramente oídas y son perfectamente inteligibles. Los compañeros de trabajo pueden entender todas las palabras y las oraciones, y la sonoridad de la palabra puede ser una distracción constante.

En consecuencia, se debe proyectar para el grado de inteligibilidad de la palabra que se requiera según la actividad del espacio, desde las áreas destinadas a reuniones de equipo, las salas de reuniones cerradas y las salas multimedia hasta los espacios comunes. Un buen diseño también debe tener en consideración la configuración del espacio y la elección de los materiales de revestimiento de cielorrasos, tabiques, pisos y aberturas.

 

Estrategias de diseño

Un buen diseño del layout debe incorporan elementos y tecnologías orientadas a lograr el confort acústico que mejor se adapte al flujo de trabajo de la compañía. Para ello se deben identificar las necesidades de interacción, privacidad y concentración necesarias, y aplicar los conceptos de zonificación más adecuados.

El principio básico de una buena zonificación es muy simple: hay que mantener las áreas generadoras de ruido lejos de aquellas que necesitan un ambiente más tranquilo.

• Conviene separar a las personas que necesitan interactuar regularmente de aquellos que llevan a cabo un trabajo más individual.

• Conviene ubicar el acceso a las actividades potencialmente muy ruidosas -tales como la entrada a las salas de reuniones- lejos de las áreas donde se realiza trabajo de concentración.

• Los grandes espacios tales como las áreas de entrada y recepción, y la cafetería, son habitualmente espacios ruidosos que deben ser aislados acústicamente del área de trabajo. Dependiendo de la naturaleza del uso de estas áreas públicas, la aislación puede llevarse a cabo con la construcción de una simple pared o puede requerir configuraciones más complejas para lograr suficiente aislación acústica.

• En las grandes instalaciones resulta conveniente aislar los pasillos y las vías de circulación de las áreas de trabajo adyacentes ya que el tránsito constante de personas puede generar una cantidad significativa de ruido.

• La zonificación del espacio de trabajo de acuerdo con las características de las actividades que se desarrollan ofrece numerosas ventajas desde el punto de vista del confort acústico. Siempre es más fácil utilizar estrategias de mitigación (aislación acústica o separación espacial) dentro de un área específica.

El acondicionamiento acústico

El éxito de las estrategias de acondicionamiento acústico se basa en tres técnicas básicas que se pueden aplicar en una amplia variedad de formas: absorción, bloqueo de la propagación y  enmascaramiento del sonido.

Absorción. Los espacios de trabajo abiertos requieren tratamiento acústico en la mayor parte de su superficie para absorber el ruido producido por personas y equipos.

El mobiliario, los paneles, los revestimientos y los cielorrasos, pueden servir para absorber el ruido dependiendo de su configuración y de las propiedades de los materiales que los conformen. Cuanto más absorbente sea el material se alcanzará un mayor confort acústico.

Sin embargo, hay dos superficies que resultan primordiales para la absorción: los cielorrasos acústicos de alta calidad (suelen ser el factor que más contribuye a la absorción acústica) y los pisos. Por ejemplo, las alfombras -la opción tradicional para los solados en los espacios de trabajo- presentan la ventaja de amortiguar el ruido de los pasos y ayudan a controlar la reflexión del sonido, mientras que el mármol o los pisos cerámicos tienen el efecto contrario.

En algunos casos, motivos de diseño pueden exigir la exposición de los componentes técnicos del cielorraso, lo que puede causar problemas de reverberación excesiva y de reflexión del sonido. Las “nubes acústicas” son una forma ideal para definir los espacios en las zonas abiertas y mejorar la acústica sin sacrificar la flexibilidad de diseño.

Las barreras se utilizan para evitar la propagación del sonido desde la fuente emisora. La estrategia más simple consiste en aislar la fuente de ruido dentro de un espacio cerrado, especialmente diseñado para contener el sonido (por ejemplo, las salas de reuniones). Pero también puede utilizarse un enfoque inverso: ubicar las actividades ruidosas en el espacio abierto y mantener las zonas tranquilas dentro de espacios cerrados.

También se pueden utilizar paredes y tabiques para aislar las zonas más ruidosas de las que requieren tranquilidad sin llegar a encerrarlas completamente.

Debido a que todas las particiones están expuestas a eventuales fugas debidas a defectos en la instalación eléctrica, la toma de juntas en placas de yeso, etc., se recomienda realizar una prueba de sonido para asegurarse de que el espacio acondicionado posee la estanqueidad especificada.

El concepto de enmascaramiento del sonido radica en la emisión de un ruido de fondo controlado, con un volumen y una frecuencia constantes, para ocultar los sonidos molestos. Cuando este método se utiliza correctamente, los sonidos no deseados tales como una conversación vecina, generalmente pasan desapercibidos.

La privacidad de las conversaciones depende de la diferencia entre el nivel de una conversación en comparación con el nivel del sonido de fondo. Para lograr un nivel adecuado de privacidad, el nivel de sonido de fondo debe ser mayor que el de la charla. Algunas actividades y espacios pueden requerir más enmascaramiento que otras.

En el pasado, el ruido de fondo producido por los equipos de climatización era en general suficiente para asegurar la privacidad en la comunicación oral. Sin embargo, con la llegada de equipos de climatización más silenciosos, en especial los de Volumen de Aire Variable (VAV) y los sistemas de distribución de aire bajo el piso técnico, esto ya no siempre ocurre.

Actualmente existen incontables maneras de proporcionar enmascaramiento de sonido, desde dispositivos ubicados en el cielorraso hasta aplicaciones para descargar en una PC, una notebook o un teléfono móvil. La personalización de las características acústicas de un espacio de trabajo específico es hoy posible gracias a las nuevas tecnologías.

 

Otros factores a tener en cuenta

La configuración del espacio. Es una poderosa herramienta que influye en el confort acústico de los espacios. Existe una tendencia generalizada a diseñar las oficinas de forma ortogonal sin tener en cuenta que las superficies paralelas transmiten mucho más fácilmente el sonido hacia el lado opuesto. La inclusión de elementos irregulares, curvos u oblicuos puede contribuir a la disminución del ruido.

La panelería y el mobiliario. La ubicación del mobiliario dentro del espacio tanto como los materiales que lo constituyen, podría ayudar a crear condiciones acústicas de confort en la oficina. La selección de los paneles del mobiliario también es una decisión muy importante en la creación de un espacio acústicamente confortable.

La utilización de paneles altos da al trabajador la ilusión de que está “solo” y, como resultado, tiende a subir el tono de voz. En cambio, cuando los que conversan pueden ver a otras personas dentro del mismo ámbito, normalmente controlan mejor el tono de su voz. Los patrones de trabajo interactivos se benefician con el uso de paneles bajos.

Sin embargo, en algunas ocasiones se hace necesaria la instalación de paneles más altos para dar mayor privacidad a los trabajadores que realizan tareas de concentración. En estos casos, es recomendable que la altura no supere 1,30 m ya que los paneles bajos aumentan el rendimiento acústico haciendo que los trabajadores sean conscientes de que hay otras personas en el espacio de trabajo.

La altura del techo es otro factor que afecta el comportamiento acústico de la planta. Los techos altos proporcionan un mejor rendimiento acústico que los techos bajos debido a las mayores distancias que debe recorrer el sonido.

Los accesorios en el cielorraso. El cielorraso habitualmente incorpora accesorios tales como artefactos de iluminación, rociadores, difusores de aire, sensores, actuadores, etc. Es importante recordar, entonces, que estos dispositivos pueden afectar negativamente el desempeño de un cielorraso acústico.

Las puertas. Es importante considerar las características de las puertas en las salas que deben aislarse acústicamente porque de ellas también dependerán las condiciones de confort.

Las puertas placa de abrir que poseen un núcleo sólido o aislado tienen un excelente potencial de aislamiento, teniendo presente que el perímetro debe protegerse de alguna manera para evitar fugas y ayudar a las paradas de impacto.

Las puertas de vidrio, ya sean de abrir, corredizas o pivotantes, no tienen un alto índice de aislación acústica y el perímetro no puede protegerse adecuadamente.

 

Conclusiones

En las nuevas oficinas de configuración abierta -que prácticamente no presentan barreras físicas a la propagación del sonido-, el murmullo de las conversaciones y el ruido de dispositivos tales como impresoras, fotocopiadoras, cafeteras, etc., puede propagarse sin interrupción a lo largo y a lo ancho de la planta. La creación de áreas de trabajo en equipo también aumenta los niveles de ruido como resultado de las conversaciones de intercambio que requiere este tipo de ambiente.

A medida que aumenta la densidad de ocupación de los espacios de trabajo y se asignan menos espacios privados, la productividad de la empresa puede verse comprometida si no son considerados los problemas acústicos que esto conlleva: pérdida de privacidad y aumento del nivel de ruido, situación que puede producir distracciones e interferencias.

Para los nuevos trabajadores del conocimiento resulta esencial encontrar momentos y lugares más privados y tranquilos, mientras que el trabajo en equipo se nutre de las interacciones planificadas o espontáneas sin molestar a los demás. Para las interacciones que necesitan mantener la confidencialidad, es indispensable contar con espacios que aseguren la privacidad de las conversaciones.

Las nuevas formas de trabajo demandan nuevas soluciones. Para alcanzar un buen nivel de confort acústico que permita reducir las distracciones y mantener la privacidad sin afectar los beneficios de la interacción hará falta una mejor planificación del espacio de trabajo, la aplicación al diseño de principios y técnicas acústicas básicas, y el uso de aquellas tecnologías que ayuden a transitar hacia modelos de espacios más colaborativos pero en sintonía con las necesidades actuales.

 

 

Muros vegetales

Los muros verdes y los jardines verticales comienzan a ser un paisaje habitual en las ciudades y los edificios. Se trata de un recurso para crear un entorno más natural dentro del hábitat urbano, adaptado a la realidad de la falta de espacio, que ayuda a mitigar los efectos del cambio climático, a controlar la temperatura disminuyendo el efecto “isla de calor”, a reducir la contaminación ambiental y a embellecer nuestras ciudades y los espacios donde vivimos.

El crecimiento demográfico tiene consecuencias directas sobre el entorno construido. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en las ciudades; esto implica que los asentamientos urbanos son cada vez mayores, el parcelamiento es más pequeño y la superficie cubierta con cemento es más grande. Al mismo tiempo, el cambio climático está produciendo un aumento de las temperaturas globales, derretimiento de los hielos del Ártico, lluvias excesivas, sequías, temperaturas extremas, etc.

En este escenario cada vez más degradado, es importante comenzar a pensar en soluciones que colaboren con la preservación del ecosistema. Un modo de crear un entorno más natural dentro de los ambientes urbanos, adaptado a la realidad de la falta de espacio y que ayude a mitigar los efectos del cambio climático, consiste en destinar el techo y las paredes de los edificios para cultivar jardines. Si bien esta práctica no constituye una solución per se, cuando forma parte de una estrategia de infraestructura urbana más amplia, ayuda a controlar la temperatura disminuyendo el efecto “isla de calor”, mejora el manejo del agua de lluvia, reduce la contaminación ambiental y embellece nuestras ciudades.

 

Antecedentes y clasificación

Ya existen antecedentes de jardines verticales en épocas tan remotas como el año 600 AC: los jardines colgantes de Babilonia fueron muy famosos en su tiempo y los relatos de su magnífico aspecto han llegado hasta nuestros días. Construidos por Nabucodonosor II aproximadamente en esa fecha, se cree que fueron destruidos por la actividad sísmica alrededor del siglo II AC.

Entre los vikingos, en el siglo X DC, también era habitual el uso de vegetación, tanto en el techo como en los muros, a fin de mitigar los rigores del clima. Y, asimismo, encontramos gran cantidad de ejemplos durante el medioevo, con solo pensar en la imagen de los grandes castillos de piedra cubiertos de enredaderas y trepadoras.

En la actualidad, también encontramos hermosos muros exteriores tapizados de vegetación, especialmente en las zonas suburbanas, y bellos jardines colgantes naturales en algún acantilado o barranco cargado de plantas.

 

  • Muro verde

Un muro verde se desarrolla sobre una  pared exterior, con plantas -en su mayoría trepadoras- que enraízan en la tierra y que, a través de sus ventosas o zarcillos, se aferran al paramento y van creciendo verticalmente cubriendo toda la superficie. La fijación de las plantas se hace directamente sobre el muro, o se realiza mediante el uso de mallas o alambres que ayudan a sostenerlas.

Si bien las plantas trepadoras han sido usadas durante siglos para cubrir muros y aún hoy las vemos cubriendo medianeras que, de otra manera, estarían a la vista, las ventosas o zarcillos que las sostienen pueden dañar la superficie de la pared, producir humedad y atraer insectos. Además, necesitan un mantenimiento regular debido a su rápido crecimiento ya que se trata, en líneas generales, de especies muy invasivas.

Sin embargo, podría ser una alternativa económica en cuanto a su sencillez de armado. En este caso es conveniente utilizar plantas caducas que permitan que las paredes puedan estar en contacto directo con el sol y el aire en épocas invernales, cuando las plantas pierden el follaje y descansan. De esta forma se compensa un poco la humedad que generan en los meses de primavera y verano con todo su follaje cubriendo la pared.

 

  • Jardín vertical

El pionero de los jardines verticales es el biólogo francés Patrick Blanc quien, a partir de la observación de barrancos y taludes naturales en el trópico, ideó un sistema de poco peso para lograr el propósito de cubrir los muros con vegetación.

Existe una gran variedad de sistemas de jardinería vertical, dependiendo del lugar donde se los quiera instalar, del tipo de plantas que se prefieran y del espacio disponible. Se crean sobre una estructura libre construida para tal propósito o sobre una pared existente mediante el uso de geotextiles materiales de polipropileno, piedras, estopa de coco, canastas de alambre, etc. Se pueden construir a partir de paneles modulares o de mantas pre-plantadas que luego se fijan a un marco estructural o a una pared.

Pueden desarrollarse en muros nuevos o existentes, fachadas, paredes exteriores o interiores, patios o galerías. Al crearse el nicho de desarrollo este se puede ubicar en cualquier espacio.

Los jardines verticales no tienen contacto con la superficie sobre la cual se aplican, porque el sistema de anclaje utilizado, se realiza a través de estructuras especialmente formuladas y amuradas a la pared, logrando una cámara de aire entre el paramento y la batea contenedora de sustrato para las  plantas. Por este motivo no producen humedad en el muro.

El muro sobre el que se aplican estos sistemas no debe tener ningún tratamiento especial, pero siempre conviene tener en cuenta el estado de la pared si esta no es nueva, ya que si es muy antigua habrá que cuidar que el estado de los materiales soporte el peso y el amure de los anclajes del sistema de anclaje de las plantas.

En general, el mantenimiento de estos jardines es muy simple: la irrigación y la fertilización están automatizadas, las podas son de limpieza de hojas o flores secas, el control de plagas, de ser necesario, se realiza mediante pulverización, y si hiciera falta algún recambio de ejemplares o se requiriera un rediseño, se retiran las existentes y se colocan las especies nuevas.

La expectativa de vida útil es igual a la de cualquier jardín, siempre que se hayan tomado los recaudos necesarios en su diseño e instalación, y se realice un mantenimiento periódico necesario.

 

Principios de diseño

Existen ciertas consideraciones que hay que tener en cuenta al momento de planear el diseño de un muro verde: temperatura y humedad, orientación, y exposición al viento. Estas variables tendrán distinta importancia de acuerdo con la localización del muro y las especies elegidas.

  • Temperatura y humedad.

En el caso de los muros verdes y los jardines verticales ubicados sobre paredes exteriores, habrá que tener en consideración los valores de temperatura y humedad medias en el sitio de implantación. En el caso de jardines ubicados en el interior, habrá que considerar que el rango de temperatura del aire acondicionado y la ventilación a lo largo del año se encuentren dentro de límites aceptables para el normal crecimiento y supervivencia de las especies. La humedad por condensación también puede representar un problema que habrá que controlar.

  • Orientación.

La orientación del respaldo determinará si el muro vegetal recibirá o no radiación directa y la cantidad de iluminación recibida. En el caso de plantaciones ubicadas en el exterior, será importante tomar en cuenta las sombras que arrojan las construcciones colindantes en las distintas estaciones del año. La orientación –que determinará el grado de asoleamiento- junto con la altura, condicionarán en gran medida las necesidades de irrigación y las especies que se podrán cultivar con éxito.

En el caso de plantaciones ubicadas en el interior, será importante que se encuentren cerca de una fuente de luz natural para contar con la posibilidad de asoleamiento. En caso contrario será necesario contar con una fuente de luz artificial.

En el caso de paredes verdes y jardines verticales ubicados en el exterior, es importante tener en cuenta la exposición al viento. En los edificios en altura, la velocidad del viento aumenta conforme aumenta la altura y esto puede tener influencia en el crecimiento de las plantas. Además, será un factor al considerar los sistemas de anclaje del sustrato.

  • Vegetación.

Las especies se eligen dependiendo de si el muro es exterior o interior. Es conveniente trabajar con vegetación de poco tamaño y crecimiento lento. No deben utilizarse especies leñosas ni plantas grandes ya que los espacios para los enraizados son limitados. Todas las especies que se utilizan se deben adaptar a la verticalidad.

Se pueden intercalar especies que produzcan volumen con otras que tapicen el panel. Pueden ser variedades de helechos, hiedras, algunas plantas de interior como el spathyfillium y también pueden utilizarse especies de huerta como frutillas, lechugas, radicheta y ciboulette, entre otras.

 

Los beneficios

  • Ahorro de energía.

Debido a las propiedades aislantes de la masa vegetal y a la sombra arrojada sobre los paramentos exteriores, se necesita menor cantidad de energía para climatizar los espacios interiores del edificio. En términos generales, los muros verdes tienen un menor efecto aislante térmico que los jardines verticales debido a su menor masa.

Además, las plantas pierden agua hacia el medio mediante la evapotranspiración; ese cambio de fase utiliza el calor del aire del entorno de modo que, además de aumentar la humedad ambiental disminuye la temperatura del aire. En entornos cálidos, la presencia de vegetación puede llegar a refrescar la temperatura de 1 a 5 ºC. Se calcula que una reducción de 5 ºC de la temperatura exterior adyacente podría suponer ahorros en refrigeración de cerca de un 50%.

En invierno, las especies perennes protegen la pared de las pérdidas de calor, y el efecto aislante podría llegar a ser de un 30%.

  • Aislación acústica.

Las formaciones o barreras vegetales pueden tener un cierto efecto de amortiguación del ruido, actuando como pantallas acústicas.

  • Mejoramiento de la calidad del aire interior.

La vegetación puede capturar agentes contaminantes tales como polvo y polen, y puede filtrar el aire de gases tóxicos y VOCs (compuestos orgánicos volátiles) provenientes de pegamentos y otros elementos presentes en el aire interior. Estas propiedades que tienen ciertas plantas suelen ser usadas en muchos edificios para combatir el “Síndrome del Edificio Enfermo” (SEE).

  • Disminución del efecto “isla de calor”.

Un área metropolitana puede alcanzar temperaturas de entre 3º C y 5º C más altas que las regiones circundantes en un día de verano caluroso. Este fenómeno se llama “isla de calor urbano”, y se produce debido a que en las ciudades, el pavimento y los materiales de los edificios absorben el calor del sol provocando un aumento de la temperatura y dificultando su disipación durante las horas nocturnas. Los muros vegetales pueden ayudar a disminuir este efecto a través de la evaporación y la transpiración de las plantas.

  • Reducción de la polución ambiental.

La gran superficie expuesta de vegetación en un muro verde o un jardín vertical, es capaz de filtrar las finas partículas del aire, actuando como filtros verdes frente a la contaminación atmosférica, fijando las partículas en suspensión del entorno urbano y absorbiendo CO2, uno de los principales gases responsables del “efecto invernadero”.

  • Mejoramiento de la calidad de vida.

Cuando se incluyen plantas en los lugares de trabajo, los síntomas atribuidos al SEE disminuyen en un 23% y también se reducen las señales de estrés. La interacción con plantas, tanto pasiva como activa, puede cambiar la actitud, el comportamiento y las respuestas psicológicas de las personas. Los niveles de estrés se reducen tan solo mediante la observación pasiva de un lugar verde a través de una ventana. Estudios realizados con oficinistas demostraron que el estrés disminuye en aquellas personas cuyas oficinas tienen vistas hacia exteriores con plantas.

Las plantas constituyen un factor de satisfacción. En un mundo cada vez más dominado por los avances tecnológicos, estas representan un vínculo con la naturaleza, estimulando la conciencia de una realidad menos artificial. Sus efectos son positivos tanto para la percepción como para la disposición frente a las tareas.

Algunos estudios muestran que en los edificios donde no hay plantas hay mayor ausentismo y disminuye la productividad en un 12%. Para los trabajadores que permanecen más de 4 horas frente a una computadora, la introducción de plantas aumenta la concentración y el bienestar.

  • Mejoramiento de la calidad del paisaje urbano.

Mejora la estética en las fachadas o muros donde se aplican, añadiendo valor al entorno.

  • Otorga puntos para certificación LEED.

Los muros vegetales podrán contribuir con la obtención de puntos en diferentes categorías de crédito cuando los proyectos cumplan con los requerimientos necesarios.

Amenities en la oficina

El progresivo aumento de la incorporación de las generaciones jóvenes al mercado laboral ha provocado grandes cambios en la forma de entender el trabajo. Ahora se ha hecho evidente para las empresas que es necesario buscar nuevas fórmulas para retener y atraer a los jóvenes talentos. Conscientes de que el diseño de los espacios de trabajo tiene un impacto directo sobre la productividad y  la satisfacción de las personas, los servicios que las organizaciones brindan a sus empleados están en constante evolución. Salas de descanso, espacio multiusos, gimnasio, salas de brainstorming, guardería y sala de lactancia, son solo algunas de las propuestas de los nuevos entornos laborales.

En la década de los 90, en pleno auge de las puntocom y con la progresiva consolidación de las empresas de medios digitales, se desató una feroz competencia entre las empresas para atraer a los trabajadores más calificados. Dentro de este ambiente comenzó a popularizarse un estilo de oficina de planta abierta con bares, mesas de hockey y billar, tanques de peces tropicales y un equipamiento llamativo y algo escénico; salas de estar con equipos de música y heladeras colmadas de bebidas y comida gratis. La idea era hacer sentir a los jóvenes trabajadores que eran valorados, para ganar su lealtad y retenerlos.

En los años sucesivos, y con el progresivo aumento de la incorporación de las generaciones jóvenes al mercado laboral, lo que hasta ese momento parecía ser una excentricidad limitada a las empresas de la vanguardia tecnológica y los medos de comunicación digital, comenzó a convertirse en norma para aquellas organizaciones que querían permanecer a la vanguardia, y comprendieron el mensaje.

Con el paso de los años, se ha hecho evidente que es necesario buscar nuevas fórmulas de compensación que promuevan que los trabajadores con valor se sientan a gusto en la empresa y por lo tanto decidan quedarse en ella. El empleado ya no busca solo las mejores condiciones salariales sino que aprecia otras características de la compañía tales como su cultura corporativa, un ambiente de trabajo estimulante, la flexibilidad horaria o la inversión en formación, además de otros beneficios tales como unas instalaciones que cuenten con la mayor cantidad de servicios para el empleado.

Actualmente -conscientes de que el diseño de los espacios de trabajo tiene un impacto directo sobre la salud, el confort, la concentración, la satisfacción y la productividad de las personas que las integran-, los servicios que las empresas brindan a sus empleados en el lugar de trabajo están en constante evolución.

Según un informeproporcionado por la IFMA (International Facility Management Association) sobre las amenities en el lugar de trabajo, las empresas consideran varios factores al decidir qué servicios ofrecer. Los servicios más comúnmente proporcionados son: salas de descanso (93%), espacios multiusos (72%), gimnasios (54%), servicios de cafetería y comida (52%), guarderías y salas de lactancia (50%), salas de estar (39%).

Las áreas de descanso de hoy tienen refrigeradores, cómodos sillones y pequeñas mesas con sillas, televisión por cable, diferentes sabores de café y zonas al aire libre. Otras compañías tienen gimnasios, servicio gratuito de lavandería, almuerzo y cena tipo buffet, centros de atención de salud en el lugar de trabajo y servicios de transporte durante las horas del almuerzo. Las madres pueden atender a sus hijos pequeños en la sala de lactancia y, haciendo honor al paradigma multicultural de los entornos del siglo XXI, también hay salas de oración y meditación.

Según el informe citado, al decidir sobre qué servicios pueden ofrecer, las empresas tienen en cuenta el impacto que las amenities tendrán en la productividad laboral y cómo afectarán a la experiencia de trabajo en general. Además, los directivos también evalúan la necesidad de promover el bienestar de los empleados, y de atraer y retener el talento junto con la capacidad de cada servicio para ayudar a mejorar el estado de ánimo del personal.

 

Promoviendo la salud

El ambiente de trabajo está claramente identificado como un área de acción importante para la promoción de la salud -según informa el Foro Económico de la OMS para la prevención de las enfermedades no transmisibles en el lugar de trabajo- a través de la dieta y de la actividad física.

Las empresas pueden ayudar a mejorar la salud de los trabajadores a través del establecimiento de una cultura corporativa que incentive las conductas saludables. Muchas organizaciones están tomando medidas para desarrollar un ambiente de trabajo favorable ofreciendo instalaciones para desarrollar actividad física (gimnasio con aparatos, clases de yoga, etc.), y fomentar una alimentación más saludable ofreciendo opciones de alimentos saludables en la cafetería de la empresa. Por otra parte, los entornos de trabajo libres de tabaco son ahora habituales.

Existe evidencia científica que avala que la actividad física regular no solo contribuye al bienestar sino que también es esencial para una buena salud, afecta favorablemente el peso y la composición corporal, y se asocia con una menor mortalidad. Las personas que hacen suficiente actividad física reducen el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas tales como enfermedad coronaria, accidentes cerebrovasculares y diabetes tipo 2 hasta en un 50%.

Los estilos de vida poco saludables pueden ser riesgosos para la población en edad de trabajar, y dar lugar a la aparición de enfermedades que podrían tener un impacto negativo en la productividad. Estas cuestiones deberían ser un incentivo suficiente para animar a las organizaciones a invertir y adoptar programas de promoción de la salud en el trabajo.

La inclusión de programas de salud en el trabajo tiene una serie de resultados económicos y empresariales altamente positivos, entre los cuales se pueden mencionar los siguientes:

  • Mejora del estado general de salud, lo cual disminuye el uso (y por consiguiente, el costo) de los servicios de atención.
  • Mejora del estado de ánimo.
  • Reducción de los casos de lesiones y accidentes relacionados con el trabajo.
  • Reducción del ausentismo.
  • Mejora de la retención y la contratación de personal.
  • Aumento de la productividad.
  • Mejora de la imagen corporativa.

Los chicos quieren divertirse

Actualmente, en un mercado de trabajo hipercompetitivo, las empresas están buscando métodos alternativos a la remuneración como una forma de incentivar, motivar y retener a sus empleados.

Las tendencias indican que, más allá del dinero, para los trabajadores jóvenes es importante divertirse en el trabajo. En efecto, los integrantes de la Generación Y consideran que la diversión en el lugar de trabajo es un requisito, no solo un beneficio. Por lo tanto, las empresas empiezan a reconocer la necesidad de crear un ambiente de trabajo lúdico y creativo para reclutar y retener una fuerza laboral talentosa. Las empresas que fomentan esta cultura lúdica logran un mayor compromiso de sus empleados.

Algunos estudios también sugieren que la diversión en el lugar de trabajo es una herramienta de bajo costo para mejorar la participación de los empleados, al mismo tiempo que promueve la satisfacción laboral, mejora el estado de ánimo de los trabajadores y la calidad de los servicios. Esto se debe a que el juego estimula los mecanismos de recompensa en la región prefrontal del cerebro, proporcionando sensaciones gratificantes y estimulando tanto la repetición de conductas positivas como el aprendizaje.

Las actividades lúdicas pueden ser una liberación necesaria para combatir el estrés en la oficina, mejoran el aprendizaje, la productividad y la creatividad al mismo tiempo que reducen el ausentismo y mejoran la salud. Jugar en el lugar de trabajo puede ser un mecanismo para construir confianza, mejorar la comunicación y promover la creatividad. El juego ayuda a promover una cultura compartida, impulsando la participación y la interconexión. Un equipo que juega unido permanece unido, y la diversión puede ser contagiosa.

 

Conclusión

En definitiva, las actividades recreativas en el lugar de trabajo tienen una influencia positiva en el desempeño de los empleados y pueden contribuir de manera significativa a generar altos niveles de compromiso. Desempeñan un papel fundamental en la vinculación entre los colaboradores porque son una oportunidad para la socialización y el fortalecimiento de los lazos personales, y para el desarrollo de habilidades tales como el liderazgo, la interacción y la comunicación, que son esenciales en la prestación de servicios eficaces.

Las empresas que ofrecen distinto tipo de amenities y servicios complementarios para satisfacer las necesidades físicas y psicológicas de sus empleados pueden obtener grandes beneficios: mejora de la retención y la contratación de personal, aumento de la productividad, reducción de la tasa de ausentismo, y una fuerza de trabajo más comprometida, relajada y feliz.

Arte en la oficina

Con la adopción de los nuevos estilos de trabajo basados en el conocimiento, las empresas han puesto el foco en la creatividad, en el aprendizaje y en la necesidad de atraer nuevos talentos. Algunos estudios llevados a cabo recientemente están demostrando que la exposición al arte y la cultura en el lugar de trabajo contribuirían al desarrollo de los procesos de pensamiento reflexivo e innovador. El arte también estimula la creatividad y la imaginación de la gente, así que tiene sentido exponer obras de arte en el lugar de trabajo. Además de ser una fuente de inspiración, el arte en la oficina reduce el estrés y mejora el estado de ánimo y la calidad de vida de todos los ocupantes.

En su forma más convencional, el arte corporativo tuvo, la mayoría de las veces, una función de simple decoración, de adquisición destinada a llenar un vacío en un muro, o de inversión orientada a reafirmar el estatus de la compañía. Actualmente, gracias a los nuevos conceptos sobre el espacio de trabajo centrado en las personas y en la creatividad, tanto los arquitectos y los diseñadores como las empresas se están dando cuenta del enorme potencial que tiene el arte como expresión de la identidad de marca y como disparador para crear un ambiente de trabajo estimulante.

Por este motivo, muchas empresas están buscando diferentes formas de incorporar el arte en el lugar de trabajo, ya que entienden que su valor también se manifiesta en el impulso que presta a la creatividad y la productividad de los empleados.

El aumento de la cantidad de trabajadores móviles también parece estar teniendo peso a la hora de decidir la adquisición de una obra. Algunas empresas están comenzando a utilizar el arte para crear entornos más acogedores y conseguir que a los empleados les resulte más grato volver a la oficina en lugar de trabajar en casa o en la cafetería. En ese sentido, el arte se puede transformar en una estrategia de retención  de talentos muy importante para las empresas.

Pero muchos consultores especializados en el tema aconsejan que la instalación de una obra de arte en la oficina no sea una idea improvisada de último momento ya que, dependiendo de las características de cada composición, algunos factores tales como la iluminación y la carga deben ser considerados junto con la arquitectura.

Según una encuesta llevada a cabo a principios de 2013 por International Arts Consultants (IAC) en asociación con el British Council for Offices (BCO), la gran mayoría de los ocupantes de espacios de oficina reconoce la capacidad de la obra de arte para influir en diferentes áreas. El estudio se complementa con una extensa investigación realizada a través de entrevistas a los principales arquitectos y diseñadores de interiores, psicólogos conductuales y ocupantes de edificios corporativos que evaluaron el uso y los beneficios del arte en el entorno de la oficina actual. Estas son sus conclusiones:

 

  • Posibilita la creación de un espacio de trabajo más acogedor

La mayoría de las obras provoca una respuesta en la gente. La presencia de obras de arte en el lugar de trabajo puede mejorar el estado de ánimo y hacer que las personas se sientan mejor consigo mismas y con sus compañeros de trabajo. El arte puede fomentar una sensación de identificación con los otros y, simplemente, alegrar el día de una persona. Además, muchos estudios prueban el papel del color sobre el comportamiento y el estado de ánimo del ser humano.

El 93% de los encuestados estuvo de acuerdo en que el arte hace que el lugar de trabajo sea más agradable tanto para el personal como para los clientes y los proveedores. El arte hace que la gente se sienta más a gusto en la oficina y también puede colaborar en la retención de personal.

 

  • Estimula la creatividad y aumenta la productividad

La incorporación del arte en la oficina no solo estimula la creatividad y mejora el bienestar individual y colectivo sino que, según sugiere la investigación, puede aumentar significativamente la productividad, especialmente cuando se invita a los empleados a participar en el proceso de selección de las obras.

La presencia de obras de arte en los pasillos, las salas de reuniones y las paredes de la oficina desestructura el arquetipo del espacio de trabajo tradicional creando un impacto intelectual que estimula el poder creativo de los trabajadores.

 

  • Ayuda a comunicar la imagen de marca y los valores de la empresa

Las obras de arte ofrecen una forma elegante y sutil para comunicar la imagen y los valores corporativos. La clave es hacerlo de una manera auténtica de tal forma que las imágenes y los mensajes contenidos en las obras realmente ayuden a comunicar la esencia de la compañía. Además, las iniciativas relacionadas con la promoción del arte y la cultura tienen un peso significativo en los programas de RSE.

 

  • Proporciona opciones que se adaptan a la flexibilidad de los nuevos entornos de trabajo

Los entornos de trabajo actuales se han convertido en grandes espacios abiertos polivalentes, donde la superficie para exponer una obra convencional es limitada. Por ello es importante considerar la inclusión de nuevas modalidades de expresión artística (arte cinético, arte digital, instalaciones, etc.) y la inversión en piezas que se puedan mover con facilidad, así como optar por soluciones de alquiler de obras con el fin de maximizar la flexibilidad del espacio.

 

  • Puede representar una buena inversión a largo plazo

El presupuesto para invertir en obras de arte debe ser manejado con prudencia. Las empresas deben invertir en piezas que pueden proporcionar un retorno de la inversión en el largo plazo optando por trabajar con los artistas emergentes más prometedores, lo que ahorra dinero y puede representar una buena inversión a futuro.

El informe también pone de relieve la naturaleza cambiante del trabajo, lo que significa que las formas de arte tradicionales pueden no ser tan eficaces en el nuevo entorno de oficina. Sin embargo, los nuevos esquemas de planta abierta, la creciente importancia de las áreas de descanso y el aumento de la flexibilidad laboral crean interesantes oportunidades para incorporar el arte en el espacio de trabajo. Y, si bien es cierto que las formas tradicionales del arte -pintura, grabado y escultura- siguen siendo las más populares, las nuevas creaciones tales como las obras integradas en forma de murales e instalaciones y el arte digital, también ganan adeptos.

 

Color y significado

Las interpretaciones y los significados del color que se utilizan y fomentan conscientemente, se encuentran en todas las expresiones humanas: el arte, la arquitectura, la indumentaria, la heráldica, etc. Este simbolismo se establece de manera intuitiva y cambia de acuerdo con las diferentes culturas y grupos humanos e, incluso, entre personas de un mismo grupo. Esto permite que para un mismo color existan múltiples significados, en algunos casos, opuestos.

Uno de los estudios que se considera básico para el análisis psicológico del color es la “Teoría de los colores” de Goethe, ensayo escrito hacia 1810 que contiene algunas de las primeras y más precisas descripciones de las sombras coloreadas, la refracción, el acromatismo y el hipercromatismo.

En este ensayo, Goethe sostiene que nuestra psique dota al color de significado; el color es un símbolo de lo que sucede en nuestra alma. Los colores se pueden agrupar en dos tipos distintos: los colores positivos o activos que “causan una actitud animada, emprendedora, activa” (el amarillo, el naranja y el rojo amarillento), y los colores negativos o pasivos que “se adaptan a un humor intranquilo, maleable, apasionado, tierno y lleno de emoción” (el azul, el azul rojizo, el rojo azulado).

Según Goethe, el rojo posee una gran dignidad y seriedad dado que, de acuerdo con su teoría, reúne en sí a todos los demás colores. El amarillo es “alegre y tiernamente activo”, pero al reforzarse con el rojo se vuelve “más potente y magnífico”, y se adapta más que cualquier otro color a “dar el sentido del calor y la delicia”. El azul es “una encantadora nada”, pero si se mezcla con el rojo, dando azul rojizo, nos pone nerviosos, llena nuestro corazón de inquietud y nos empuja a la inactividad.

Si bien la obra de Goethe no recibió mucha aceptación entre la comunidad física de la época, con el tiempo se ha aceptado que hay que distinguir entre el espectro óptico tal y como lo observó Newton, y el fenómeno de la percepción humana.

La oficina multigeneracional

La diversidad generacional dentro de la fuerza laboral ya se ha convertido en norma en la mayor parte de las organizaciones. Por primera vez en la historia, cuatro generaciones están trabajando dentro del mismo ámbito.

 

Debido a las características particulares que existen dentro de cada grupo etario (diferentes valores, experiencias, estilos, actividades y expectativas) tanto el espacio de trabajo como la forma de trabajar se están redefiniendo de forma acelerada. El principal desafío para las organizaciones será, entonces, aprovechar la sinergia que genera esta convergencia proporcionando lugares de trabajo adaptados a la conveniencia y estilo de vida de sus empleados.

El papel que tiene el trabajo en la vida de las personas y el concepto sobre la denominada “jornada laboral” han cambiado enormemente a lo largo de las últimas décadas. La tecnología ha evolucionado de tal manera durante los últimos 30 años que la forma de trabajar y de comunicarse dentro de las oficinas ha comenzado a tener un enfoque global. Los cambios sociales, tales como el ingreso de las nuevas generaciones y la creciente presencia de la mujer dentro del mercado laboral, también han ayudado a modelar la forma en la que se concibe el trabajo en el siglo XXI.

Si bien es cierto que la incorporación de cuatro generaciones diferentes en el lugar de trabajo no está exenta de dificultades, es importante que las organizaciones perciban esta convergencia como una oportunidad única antes que como una circunstancia desfavorable.

Existen distintos puntos de vista sobre las diferencias generacionales, pero en general se acepta que los eventos compartidos por cada generación influyen y definen sus características generales y que, si bien los individuos de las distintas franjas etarias son diferentes, estos comparten ciertos pensamientos, valores y comportamientos. Además, estos valores, reacciones y conductas difieren a través de las generaciones.

Conocer las principales características de cada una de ellas, sus diferencias y similitudes, ayudará a comprender mejor sus necesidades y expectativas.

 

Cuatro generaciones de trabajadores

 

  1. La generación tradicional

La generación tradicional -aunque la mayoría de sus integrantes ya están retirados- es la más antigua en el lugar de trabajo e incluye a las personas nacidas antes de 1945. Los miembros de esta generación fueron fuertemente influenciados por la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial y han sido descriptos como conservadores, disciplinados y con un gran sentido de la obligación y la responsabilidad. Aprecian la formalidad, el respeto por la autoridad y el orden jerárquico, y prefieren tomar decisiones basadas en recetas que han funcionado en el pasado.

Los miembros de esta generación también se han caracterizado por ser trabajadores comprometidos y altamente especializados, con aversión al riesgo y un fuerte compromiso hacia el trabajo. Son estables, leales y muy trabajadores aunque pueden ser reacios al cambio y a ir contra la corriente; evitan el conflicto y se muestran reticentes cuando no están de acuerdo con algo.

Dentro de la oficina, el espacio más acorde con sus características es aquel que marca las jerarquías y establece claramente las diferencias en los puestos de trabajo.

 

  1. Los Baby Boomers

Los Baby Boomers constituyen la generación de posguerra nacida entre 1946 y 1964, llamada así porque durante este período se registró un extraordinario número de nacimientos (baby boom).

Los Baby Boomers llegaron en un momento económico próspero y crecieron confiando en el progreso y ansiando un mundo sin guerras. Después de que algunos de sus íconos fueron asesinados (Martin Luther King, los hermanos Kennedy), esta generación rechazó las normas y los valores tradicionales. Como no crecieron pendientes de la tecnología la perciben como los “artefactos” de la cultura organizacional. Son optimistas, orientados al trabajo en equipo y le dan gran importancia a su desarrollo profesional.

Los Baby Boomers disfrutan de tener la autonomía necesaria para centrarse en sus propios intereses, prefieren tener opciones de trabajo flexibles, reconocen la importancia del equilibrio trabajo/vida personal, y prefieren trabajar de forma remota.

Dentro de la oficina, el espacio más acorde con sus características es aquel que cuenta tanto con espacios individuales como con espacios para el trabajo en equipo.

 

  1. La Generación X

La Generación X abarca a los nacidos entre 1965 y 1980, y es significativamente más pequeña que las otras por lo que tiene características únicas. Los miembros de esta generación son individualistas, autónomos y emprendedores; aceptan el riesgo, valoran la diversidad y el equilibrio trabajo/vida personal.

Los integrantes de la Generación X por lo general serán menos formales y más flexibles que sus antecesores y tenderán a centrarse más en los resultados que en el proceso. Para ellos, trabajar no es estar en la empresa sino lograr los objetivos planteados. Por lo tanto, no toleran el exceso de reuniones ni la política corporativa ya que las ven como una pérdida del tiempo privado.

Buscan una relación informal, transparente y directa con la autoridad. Valoran a los jefes profesionales y que obtienen resultados. Aborrecen los contextos que marcan la distancia entre los niveles jerárquicos tanto como la burocracia. Esta generación ha demostrado tener un gran peso en la fuerza de trabajo debido a sus competencias tecnológicas.

Dentro de la oficina, el espacio más acorde con sus características debe ser flexible y personalizable, con espacios abiertos y acceso directo a la tecnología.

 

  1. La Generación Y (Millennials)

La Generación Y, que incluye a las personas nacidas entre 1982 y 2000, ha crecido en la era digital, por lo cual muestran una mayor familiaridad que las generaciones anteriores con la comunicación, los medios y las tecnologías digitales. Debido a que están constantemente “conectados”, tienen una ventaja competitiva cuando se trata de trabajar con las nuevas tecnologías.

Dado que vivieron la explosión de la burbuja de las puntocom y las altas tasas de divorcio, el SIDA y el calentamiento global, son renuentes a establecer compromisos a largo plazo, buscan una mayor flexibilidad en su carrera y lograr una situación de bienestar “ahora”, y no trabajan para un futuro incierto.  Buscan placer y diversión en la oficina. La responsabilidad y el compromiso solo surgen cuando le encuentran sentido a lo que hacen.

Fueron criados en un contexto de participación, alta valoración y aliento de sus vocaciones y preferencias. Prefieren las acciones colectivas y el trabajo en equipo. Les gusta el feedback y el aliento permanente.

Sin embargo, algunos estudios muestran que aunque la Generación Y se ha caracterizado por ser tecnológicamente sofisticada y capaz de realizar múltiples tareas (multitasking), son deficientes en las habilidades orales, escritas, de comunicación e interpersonales.

Dentro de la oficina, el espacio en el que mejor pueden desarrollarse se caracteriza por ser divertido, flexible, personalizable y abierto, y debe tener acceso directo a la tecnología.

 

Los retos de la nueva oficina

Actualmente estas cuatro generaciones ya comparten el lugar de trabajo en la mayor parte de las organizaciones, por eso resultará más productivo ver esta circunstancia como una oportunidad para generar sinergias que detenerse en sus posibles inconvenientes.

Cada generación posee características que pueden ser valiosas paras las organizaciones. Tanto los Baby Boomers como los tradicionalistas representan un recurso cuya experiencia y calificación son muy valiosas para alcanzar los objetivos de la empresa, y representan, además, un sostén para los trabajadores más jóvenes que buscan orientación y retroalimentación. De la misma manera, en el escenario actual de rápidos cambios tecnológicos, los integrantes de las Generaciones X e Y pueden incorporarse inmediatamente al mercado laboral para hacer su contribución.

El principal desafío para las organizaciones será, entonces, aprovechar esta sinergia que es inherente al trabajo del siglo XXI.

Las características que tendrá el trabajo dentro de las empresas multigeneracionales deberían contemplar los siguientes aspectos:

 

  • Tecnología, movilidad y flexibilidad

Para adecuarse a esta nueva realidad, muchas empresas ya han adoptado el uso de espacios de trabajo flexibles que promueven los diferentes tipos de procesos mediante una combinación de distintas opciones según las necesidades: salas de reuniones, áreas destinadas al trabajo en equipo, áreas de descanso, oficinas privadas, puestos de trabajo no dedicados, salas multimedia, etc.

En el futuro, este tipo de espacio colaborativo y flexible se convertirá en la norma, básicamente por dos motivos: la masiva incorporación de los Millennials en el mercado laboral y la ubicuidad de las tecnologías de comunicación e información (dispositivos móviles, banda ancha, WiFi, video, teleconferencias, etc.).

El avance de la tecnología, junto con la aplicación de soluciones de diseño innovadoras, permitirá la convivencia de esta fuerza laboral heterogénea dentro de un entorno donde coexistan distintas modalidades: trabajo tradicional junto con arreglos de trabajo flexibles, móviles y a distancia que podrían incluir tanto el home office como un esquema policéntrico que beneficia a los trabajadores móviles y a aquellos que viven en áreas periféricas.

Un sistema de trabajo flexible satisface las necesidades de esta nueva fuerza de trabajo multigeneracional. No solo brinda un entorno acorde a las modalidades de las generaciones más jóvenes sino que también beneficia a los integrantes de las generaciones mayores cuyos miembros pueden retrasar la jubilación reduciendo la jornada laboral a tiempo parcial, trabajando a distancia o gozando de un horario flexible.

 

  • Motivación y compromiso

Peter Drucker nos recuerda que: “El Management tiene que ver principalmente con las personas, más que con las técnicas y los procedimientos. Es el compromiso de la gente lo que verdaderamente importa.”

En todas las empresas existe la preocupación tanto por atraer y retener personal como por aumentar el compromiso de los empleados. Es un hecho que los trabajadores son más propensos a permanecer en los lugares de trabajo que los hacen felices y que las organizaciones en las que los trabajadores se sienten valorados, reconocidos, apreciados y apoyados tienen mayores tasas de retención.

Cada una de las cuatro generaciones que actualmente trabajan en las organizaciones cuenta con una actitud diferente frente al trabajo que será necesario comprender para motivarlos y comprometerlos adecuadamente.

Es por esto que actualmente existe en las empresas una tendencia que busca atraer y retener personal de alto nivel proporcionando lugares de trabajo adaptados a la conveniencia y estilo de vida de sus empleados.

Teniendo en cuenta que en países como los EE.UU. la fuerza laboral está compuesta en un 58% por trabajadores de las generaciones X e Y, los espacios de trabajo actuales -además de ser flexibles, estimulantes y creativos-, cuentan con una amplia gama de áreas no convencionales tales como gimnasio, salas de relax y de juegos, duchas y vestuarios, espacios para el guardado de bicicletas, etc., además de ofrecer servicios especiales (servicio gratuito de lavandería, masajes, cafetería, clases de yoga, etc.) que satisfacen las necesidades de los trabajadores jóvenes.

En algunas empresas, los profesionales pueden dedicar el 20% de su tiempo a proyectos propios.

 

  • Supervisión y comunicación

Es más probable que los conflictos generacionales surjan a partir de errores de percepción que de auténticas diferencias. Por lo tanto, la comunicación efectiva y unas reglas de convivencia claras y consensuadas serán esenciales para abordar el conflicto generacional. Hay que tener presente que los miembros de los diferentes grupos tienen enfoques diferentes sobre los mismos temas.

Los integrantes de las distintas generaciones también difieren en el grado en que aprecian la supervisión y la retroalimentación. Mientras que los trabajadores más jóvenes prefieren una retroalimentación regular, los de edad avanzada pueden sentirse molestos y vivirlo como una intrusión.

 

Conclusiones

Es importante que las organizaciones perciban la nueva oficina multigeneracional como una oportunidad antes que como una circunstancia desfavorable, ya que este enfoque propiciará la integración de los diferentes grupos con grandes ventajas competitivas.

Conocer las principales características de cada generación, sus diferencias y similitudes, ayudará a comprender mejor sus necesidades y expectativas a fin de ofrecerles las mejores opciones dentro del espacio de trabajo.

Si bien es cierto que la incorporación de cuatro generaciones diferentes en la oficina no está exenta de dificultades, es necesario poner el énfasis en la necesidad de desarrollar estrategias que refuercen las fortalezas y las perspectivas de todos los grupos. Los buenos resultados de una empresa se logran con el trabajo en equipo y con empleados comprometidos.

Está claro que las empresas que quieran mantener la competitividad en el siglo XXI tendrán que prestar atención a las necesidades de todas las generaciones y alentarlas a trabajar juntas para alcanzar los objetivos fijados.

Oficinas sustentables

La sustentabilidad del entorno hoy en día es un tema de interés común que no sólo tiene un aspecto ecológico y ambiental, también debe contemplar el aspecto económico para que los proyectos y las obras sean factibles y perdurables en el tiempo, junto con una perspectiva de responsabilidad social y cultural como visión integradora.

 

En este contexto, ¿qué estrategias puede aplicar una organización para lograr una oficina sustentable? ¿cuáles son sus beneficios?

 

¿Qué es un edificio sustentable?

Un edificio es sustentable cuando su diseño (incluyendo sus métodos constructivos) reduce de manera significativa -o mejor aún- elimina el impacto negativo que las edificaciones tienen sobre el medioambiente y sus habitantes. De esta manera se trata de alcanzar la sustentabilidad ecológica y ambiental, teniendo también en cuenta las dimensiones económica y social.

En principio se pueden encarar cinco áreas dentro de lo que se considera “diseño sustentable”: planeación del sitio, eficiencia en el uso del agua, la energía, los materiales y los recursos, y la calidad del aire interior. La sumatoria de esas cinco áreas se va a traducir en edificios más saludables, duraderos, confortables, eficientes y ambientalmente responsables. Asimismo, adoptar una estrategia “verde” puede aportar grandes beneficios a las empresas: se obtiene un importante ahorro en los costos de operación y funcionamiento, se favorece el posicionamiento dentro del mercado y se crea una buena reputación al mismo tiempo que se beneficia el medio ambiente.

 

Estrategias sustentables

  • El sitio

La selección del sitio para una obra nueva debe considerar que el impacto ambiental del edificio sea lo más pequeño posible. Se tratará de elegir sitios donde la inversión en infraestructura sea reducida y los servicios básicos estén bien conectados, con lo cual el impacto de la nueva construcción resultará menor. La accesibilidad del sitio (la posibilidad de acceder fácilmente con transporte público) también tendrá impacto sobre la sustentabilidad del proyecto.

  • Uso eficiente del agua

Para contribuir con el uso eficiente del agua se pueden incluir griferías temporizadas o de cierre automático en los sanitarios;  también existen dispositivos para adaptar la grifería existente tales como aireadores o limitadores de caudal. En los inodoros se pueden implementar sistemas de doble descarga, fluxores y sensores de presencia.

  • Eficiencia energética

Cuando se habla de eficiencia energética se hace referencia a aquellas estrategias que permiten entregar los mismos servicios utilizando menos energía, sin sacrificar el confort ni perjudicar la actividad. En el caso de las oficinas, la energía se gasta principalmente en los sistemas de calefacción y refrigeración, en iluminación y en el uso de equipos eléctricos y electrónicos.

Es por ello que habrá que prestar especial atención al adecuado aislamiento térmico, a la elección de una buena orientación, la protección de las ventanas, el uso de vidrios dobles, evitar las infiltraciones a través de puertas y ventanas, y privilegiar la ventilación e iluminación naturales de los locales ayudará a controlar el gasto energético.

En cuanto al uso de los sistemas de refrigeración, será necesario adecuar las temperaturas al tipo de actividad que se realice y al uso que se haga de los distintos espacios (zonas de paso, zonas de trabajo, sala de espera, etc.).

En relación con la iluminación, es fundamental el aprovechamiento de la luz natural y la utilización de lámparas de bajo consumo (fluorescentes, LEDs). Evitar dejar encendidas las luces que no se utilizan mediante el uso de temporizadores o detectores de presencia.

Hay que tener en cuenta que los equipos electrónicos siguen consumiendo electricidad aun en modo de espera (stand-by), por lo que es importante apagarlos cuando no se encuentren en uso.

 

  • Materiales y recursos

Se recomienda incluir en la oficina un espacio para la separación de los residuos y para su depósito, previo al envío a centros de reciclado. Para llevar adelante una política de ahorro de recursos es importante evitar la utilización de papel siempre que se pueda, priorizando el uso del correo electrónico y la Intranet de la empresa para enviar y recibir información.

 

  • Calidad del aire interior

Es necesario diseñar los espacios interiores para maximizar el acceso a la luz natural y las visuales. De ser posible, se debe proporcionar al usuario la posibilidad de modificar su propio ambiente a través de los controles de iluminación y temperatura. Asimismo, se debe implementar la prohibición de fumar dentro del edificio y a menos de 8 metros de cualquier acceso, aventanamiento, o entrada de aire fresco.

  • Estrategias de diseño

Un aspecto que impacta directamente sobre la sustentabilidad de los espacios de trabajo es la estrategia de diseño. Cuando la asignación de espacio se realiza de acuerdo con la necesidad y no con la jerarquía, se puede obtener una reducción significativa de la superficie ocupada junto con una disminución de los consumos asociados. Lo mismo ocurre cuando se implementan modelos en los cuales los empleados que pasan la mayor parte de su tiempo fuera de la oficina no cuentan con puestos asignados pero pueden reservar un espacio de trabajo cuando lo necesiten.  Existen muchas variantes de estas estrategias de asignación de espacios pero lo importante es destacar que todas fueron creadas para racionalizar los espacios de trabajo. Esto se traduce en una importante disminución de los costos de ocupación, mobiliario e instalaciones, junto con un menor impacto sobre el medio ambiente.

Algunas estrategias de diseño tales como el uso de frentes vidriados y la utilización de paneles bajos en las estaciones de trabajo promueven al máximo el uso de la luz natural. Distribuir las áreas de trabajo privilegiando la iluminación natural de las áreas operativas por sobre las jerárquicas también favorece el ahorro energético. Además, el uso de colores claros y la apertura de las oficinas privadas (o, idealmente, su total eliminación) también apoyan el uso de la iluminación natural con el consiguiente ahorro de energía.

 

Trabajo flexible y sustentabilidad

Con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, la creación de entornos de trabajo flexibles aparece como la solución más sostenible para que las organizaciones puedan satisfacer sus necesidades de crecimiento sin tener que aumentar el espacio necesario para sus operaciones.

Usar menos espacio (o no aumentar la superficie ocupada) es una manera sumamente efectiva de reducir al mínimo el impacto ambiental de una organización. Un edificio que ocupa menos espacio significa menos uso de energía, menos emisiones de carbono, menos residuos y menos consumo de recursos naturales.

Espacios de intercambio y colaboración: un equilibrio perfecto

Las nuevas modalidades de trabajo basadas en el conocimiento requieren mayor colaboración y trabajo en equipo.

La alta movilidad de los empleados y el avance de las tecnologías de la comunicación hacen que la oficina se haya transformado en un lugar de encuentro e interacción personal que promueve la cooperación y la innovación.En este escenario, las tendencias apuntan a reducir la cantidad de puestos de trabajo dedicados, al tiempo que aumenta la demanda de espacio destinado al trabajo en equipo. Los nuevos espacios que promueven el intercambio y la colaboración -desde las grandes reuniones hasta la interacción casual de dos personas en un pasillo- se han convertido en una necesidad para todas aquellas empresas que quieran desarrollar todo su potencial de creatividad e innovación.

 

Espacios de colaboración e intercambio

La naturaleza del trabajo está cambiando en forma acelerada. Basado en el conocimiento y en el desarrollo de las nuevas herramientas de comunicación, el trabajo se ha vuelto cada vez más especializado, dependiente de las habilidades sociales y de la capacidad tecnológica. Los estilos de gestión se han vuelto menos jerárquicos y el trabajo se organiza en torno a grupos de colaboración, a menudo dispersos geográficamente, lo que ha dado lugar a cambios en el entorno físico de las organizaciones.

Los nuevos conceptos de oficina se concentran en la optimización de todo tipo de colaboración, desde las grandes reuniones formales hasta la interacción casual de dos personas en un pasillo, ya que es un hecho comprobado que el ambiente de trabajo tiene un poderoso efecto sobre la conducta de las personas y, por ende, sobre su rendimiento.

Lo cierto es que todos los puestos dentro de un entorno de trabajo están, en mayor o menor medida, implicados en tareas tanto independientes como de intercambio y colaboración. El trabajo independiente por lo general necesita un mayor aislamiento y concentración, mientras que las tareas colaborativas requieren menos límites y barreras, con la posibilidad de una mayor apertura visual y acústica. Sin embargo, la mayor parte de las personas no se encuentran encasilladas en una u otra forma de trabajo sino que pueden desarrollar varias tareas al mismo tiempo y hacerlo con eficacia.

Asimismo, la alta movilidad y la posibilidad que brinda la tecnología de trabajar en cualquier momento y desde cualquier lugar, hacen que la oficina sea cada vez más un lugar para desarrollar y mantener relaciones entre las personas; de esta manera, la actividad social se convierte en la función más importante del espacio físico. La oficina pasa a ser un lugar de encuentro e interacción personal que promueve la cooperación y la innovación.

Por este motivo, los nuevos espacios de trabajo –que deben adaptarse a las nuevas modalidades que están siendo impulsadas por los cambios en la economía, la tecnología, la demografía- tienen menos puestos dedicados, posiciones para estadías cortas y largas, mayor cantidad de áreas para reuniones formales e informales, sectores para charlas casuales y para trabajo en equipo, sectores de descanso, de brainstorming, de juego, etc., por nombrar solo algunos.

Estos nuevos espacios son, además, multifuncionales: los despachos privados también pueden servir como salas de reuniones, la cafetería facilitará las reuniones informales, las circulaciones amplias ofrecen un lugar donde detenerse para intercambiar ideas sin que esto sea un estorbo para los que transitan, las salas de reuniones con mobiliario componible pueden transformarse en áreas de capacitación y viceversa, el comedor puede funcionar como lugar de reunión fuera de las horas del almuerzo o como salón de eventos después de hora, etc. Estos son solo unos pocos ejemplos del tipo de ambiente que exigen las nuevas modalidades de trabajo.

Desde esta moderna perspectiva, los nuevos espacios que promueven el intercambio y la colaboración se han convertido en una necesidad para todas aquellas empresas que quieran desarrollar todo su potencial de creatividad e innovación. Sin embargo, hay algunos aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de crear espacios de encuentro; no hacerlo puede convertir una iniciativa saludable en un rotundo fracaso.

 

El desafío de crear espacios adecuados

La arquitectura no es simplemente una herramienta que estructura el espacio donde actuamos y trabajamos sino que cumple un importante papel en cómo actuamos y cómo trabajamos dentro de ese espacio. La configuración espacial es capaz de modificar el comportamiento social.

Desde hace varias décadas, algunos estudios vienen proponiendo un cambio del centro de gravedad en el diseño de los espacios de trabajo desde los puestos individuales hacia focos o centros de actividad compartida que permitan interacciones espontáneas y/o accidentales.

La premisa de este enfoque es que un sólo lugar –el típico puesto de trabajo individual– ya no se adecua a los cambios que se han producido en el mundo del trabajo. La dinámica de las nuevas tareas precisa múltiples espacios de trabajo y centros de gravedad de tal manera que, a medida que las tareas cambien, los trabajadores se muevan hacia áreas de actividad especializadas, permitiendo así el trabajo colaborativo y/o dedicado.

Pero la creación de ambientes que estimulen la comunicación y la colaboración entre las personas no siempre es tarea fácil. La adopción de esquemas de open office, la reducción de las particiones, la eliminación de los espacios cerrados, la ubicación de mesas o sillones en lugares de paso, pueden obligar a un mayor contacto personal pero no tienen por qué conducir, necesariamente, a una mayor colaboración. Un efecto secundario y negativo de estas estrategias mal ejecutadas puede llevar a un aumento del ruido y la distracción, dando como resultado una disminución en la productividad.

Anne-Laure Fayard y John Weeks aseguran que existen decenas de estudios que demuestran que remover las barreras físicas y acercar a las personas entre sí, efectivamente fomenta las interacciones. Pero que también existe un cúmulo de evidencia casi equivalente que prueba que estas medidas (la adopción de espacios abiertos y la falta de privacidad) no fomentan los intercambios informales, y hasta podrían inhibirlos. Cuando los empleados interactúan en un ámbito de planta libre sabiendo que alguien puede escucharlos o interrumpirlos, sostienen conversaciones más cortas y más superficiales que en otras circunstancias.

Según una investigación que han llevado a cabo estos autores, un espacio puede o no fomentar la colaboración dependiendo de su capacidad para equilibrar tres dimensiones o ámbitos de uso que tienen aspectos tanto físicos como sociales: proximidad, privacidad y permiso.

1. A finales de los 70, Thomas Allen, profesor de psicología organizacional del MIT, descubrió que la interacción entre los trabajadores disminuía exponencialmente con la distancia entre sus oficinas; un efecto conocido popularmente como “curva de Allen”. El estudio reveló que hay una fuerte correlación negativa entre la distancia física y la frecuencia de la comunicación entre los puestos de trabajo. Y a pesar de que el mismo se llevó a cabo en una época en la que las comunicaciones móviles no habían aparecido, una reciente actualización demuestra que aún hoy esto sigue vigente.

Por lo tanto, para que el diseño facilite la comunicación y el encuentro entre los colaboradores, se debe promover el tránsito hacia los espacios comunes y ofrecer a la gente motivos para permanecer allí. Las áreas ubicadas centralmente y que contienen recursos compartidos tales como fotocopiadoras y máquinas de café, cumplen bien con este propósito.

2. Los requisitos físicos de la privacidad para que se produzcan interacciones fructíferas entre los colaboradores son los más evidentes. Las personas deben tener la tranquilidad de que pueden conversar sin ser interrumpidas o escuchadas por casualidad. También deben tener la posibilidad de evitar interactuar cuando así lo deseen. Según afirman Fayard y Weeks en su estudio, aunque pueda parecer contraintuitivo, las interacciones informales no se desarrollarán si las personas no pueden evitar interactuar cuando así lo desean. En este sentido, los rincones ofrecen la privacidad adecuada dentro de los espacios más públicos.

3. Desarrollar y poner a disposición de los empleados este tipo de espacio no parece ser suficiente para que se produzca la interacción. Tanto la dirigencia como la cultura de la empresa deben transmitir el mensaje de que las conversaciones casuales y las interacciones informales o espontáneas entre los colaboradores son aceptadas e, incluso, incentivadas. Es importante recordar que el permiso puede tomar muchas formas. Las reacciones de los directivos frente a la conducta de los empleados y la forma en que esta modela los roles deseados, pueden tener un mayor impacto que las simples expresiones de permiso.

 

Elementos que no hay que olvidar

Además de las premisas que se mencionaron anteriormente, el diseño de este tipo de espacio debe tener en cuenta las características de las herramientas que le darán soporte a una interacción eficaz.

  • Equipamiento.

Los cambios en la manera de trabajar no solo se reflejan en el diseño del espacio sino también en el diseño del equipamiento, el cual debe poder adaptarse (reconfigurarse, trasladarse, componerse, etc.) para permitir que la tarea se desarrolle según las necesidades del momento. El equipamiento rodante, por ejemplo, permite a los empleados moverse de un lugar a otro y así poder trabajar más cerca de la persona con la que están colaborando.

Es importante permitir que el espacio sea reconfigurable porque a veces se trabaja en equipos numerosos, otras veces en equipos de dos y otras veces, solo. Además, los muebles deben ser cómodos, informales y con una cuidada paleta de colores para crear una atmósfera agradable y relajada, que estimule la interacción.

Centralizar el equipamiento de oficina que está relacionado directamente con el trabajo (escáneres, copiadoras, fotocopiadoras, etc.) también promueve la interacción casual entre los colaboradores.

  • Tecnología y conectividad.

Las nuevas formas de trabajo colaborativo no serían productivas sin el desarrollo de las tecnologías de la comunicación. Las zonas de descanso o de encuentro y las áreas de reunión serían menos provechosas si no contaran con dispositivos portátiles y conectividad inalámbrica, como mínimo. Los equipos de videoconferencia permitirán conectar a los grupos de trabajo que se encuentren dispersos geográficamente.

  • Pizarras y tableros.

Son imprescindibles en las áreas de trabajo colaborativo ya que su uso no implica un compromiso emocional tan fuerte como lo son las superficies donde las marcas son permanentes. Los tableros de gran tamaño pueden permitir que cuatro o cinco personas escriban o dibujen juntas y al mismo tiempo.

 

En conclusión

Los espacios de colaboración e intercambio más eficaces son aquellos que reúnen a la gente y eliminan las barreras físicas al mismo tiempo que brindan la privacidad suficiente como para que las personas no teman que alguien pueda escucharlas o interrumpirlas. Además, deben reforzar el permiso de la organización para juntarse, interactuar y conversar con total libertad.

El objetivo del diseño estará orientado a estimular la creatividad de los colaboradores, generando ámbitos que favorezcan los encuentros ocasionales, las reuniones informales, el trabajo en equipo. Los límites físicos de las oficinas pueden cambiar, pero la infraestructura para el trabajo colectivo y la colaboración, tanto física como virtual, seguirá siendo necesaria.

Por otra parte, no hay que perder de vista que cada organización y cada oficina tiene necesidades diferentes que no solo dependen de su actividad sino también de su cultura. Cada espacio de trabajo es único y su configuración debe ser lo suficientemente flexible como para apoyar las cambiantes demandas de los equipos de trabajo, aportándoles aquellos espacios que faciliten la interacción y el flujo de trabajo.

En síntesis, el lugar de trabajo por sí solo no puede transformar la cultura y las conductas laborales, pero es una poderosa herramienta para apoyar los cambios y puede servir como imagen de los valores de la empresa, tanto para los empleados como para los clientes.